Alpargatas, salud y bancos

. martes, 29 de mayo de 2012

No tengo ni “así” de ganas de hablar de los descalabros bursátiles del día, de la debacle  de Bankia ni de otras tribulaciones. Hemos dicho bastante y tiempo habrá para añadir algo más. Me apetece hablar de alpargatas y salud, a cuenta de una información publicada hoy por "El País" acerca de las propiedades de algunas marcas de zapatillas, de la divulgación de sus virtudes y del modo en que algunas administraciones, especialmente la estadounidense, están sancionando con cuantiosas multas a algunas marcas por publicidad engañosa. A mí –que quieren que les diga- me ha entrado una risa de espanto. Para descojonarse.

De todos los “consejos publicitarios” que uno conoce a través de la televisión, radio, prensa y otros medios de comunicación, tal vez las virtudes saludables que se le atribuyen a las zapatillas sean de lo poco veraz que se ha dicho entre tanta y tanta publicación. Las zapatillas, como las alpargatas más humildes, si se usan y se mueve el esqueleto, son saludables para casi todo. Adelgazan el cuerpo, activan la circulación de la sangre, robustecen el corazón y los músculos, fortalecen el esqueleto, moldean y embellecen la figura, favorecen el riego sanguíneo del cerebro y mejoran la memoria y la capacidad de comprensión (Aristóteles impartía las lecciones a sus alumnos mientras caminaban entre la arboleda), etc. Otra cosa son las tretas y engaños publicitarios de productos financieros. Por ejemplo, aquellos pagarés de Nueva Rumasa,  el rollo de las participaciones preferentes de Caixa Cataluña y otras entidades, o los embustes de Bankia, también por ejemplo. Eso si es publicidad engañosa y, lo que son las cosas, con premio.

Yo, cuando leo que han detenido a un pobre desgraciado por uno de esos timos clásicos –el de la estampita, pongamos por caso- me descojono. El supuesto timador probablemente no era el que se hacía pasar por tonto, sino el de enfrente,  el que se hacía pasar por bueno. En lo de los bancos pasa lo mismo. Los verdaderos timados son los ciudadanos y es a éstos a quienes, para mayor dolor y vergüenza, nos toca arreglar el desaguisado y reponer los fondos perdidos por algún sinvergüenza impune. De todos modos, aparquemos ahora el problema bancario para otro momento, por más que cobren vigor los males y azucen los gobiernos. Volviendo por donde habíamos comenzado. Recordemos que siempre podemos mejorar nuestra salud a caballo de unas humildes alpargatas, que es en lo que habíamos quedado. Si el paseo lo pueden acompañar de una buena rebanada de pan ligeramente mojada en aceite y una pizca de pulpa de tomate, mejor que mejor. La cosa no da para mucho más.