El problema de cualquier monarquía es que los reyes no viven eternamente. Envejecen y mueren. A la nuestra se le acerca el momento de morir. De momento chochea y, ahora, además, aparece estrechamente emparentada con posibles casos de corrupción y en otros de dudosa legitimidad y de incuestionable imprudencia y temeridad. Me refiero al caso Urdangarín y al reciente incidente de un nieto del monarca, herido por un arma imprudentemente colocada a su alcance. Se va de safari con jeques árabes de esos que después podrían plantante una torre en el centro de Madrid y se fotografía con un elefante moribundo debajo de sus botas. De conducta ejemplar, vamos. Por si esto fuera poco, un juez mallorquín destapa mensajes telefónicos que podrían salpicar al propio monarca en operaciones ilícitas. Lo dicho atañe a la monarquía. Lo que viene, al Presidente del Gobierno. Las próximas medidas económicas castigan, otra vez, a los más débiles: los pensionistas y jubilados. Llega el copago sanitario. Un diez por ciento para los jubilados y un sesenta por ciento para los trabajadores activos, incluidos los desempleados. Para morirse…
De otra parte, los defraudadores a la hacienda pública y los ladrones de impuestos ahora se verán recompensados: sólo pagarán un diez por ciento de lo que deben. Eso está bien, es una extraordinaria noticia para pillos y malandrines. Yo, de ser más joven, haría lo mismo. ¿Para que pagar ahora cien mil euros en impuestos si dentro de diez años tan solo pagaré la décima parte? El gobierno nos invita a convertirnos en defraudadores fiscales y yo estoy por preguntar si el INEM propondrá algún tipo de cursillo en ese sentido. Los jóvenes deben saber como engañar al fisco, como robar el dinero de la hacienda pública para, posteriormente, obtener un premio por ello. Eso está bien, claro que para un país de delincuentes, pillos y ventajistas. Si ése es el proyecto de Rajoy, va bien encaminado. Si los españoles es eso lo que prefieren, pues lo tienen claro: en las próximas elecciones a votar nuevamente a Rajoy. En pocos años tendremos un paraíso como aquellos de los piratas del Caribe, con tesoros de piedras preciosas y billetes de quinientos euros, patas de palo y un ojo a la virulé. Qué bueno. Menudo rey y menudo presidente


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