La credibilidad de Obama y la resaca electoral en España

. martes, 27 de marzo de 2012


La credibilidad de Obama me sigue impresionando, pese a algunas irremediables lagunas. Un presidente no lo arregla todo, pero ayuda. El asesinato de hace unos días del joven Trayvon Martin ya lo calificamos desde aquí como un hecho grave y significativo, incluso más que el caso del criminal de Toulouse que por aquellos días acaparaba toda la actualidad informativa. La muerte de Trayvon Martin pasó injustamente  desapercibida, pese a su incuestionable componente racial. Asimismo, decíamos que el asesino del joven de raza negra quedaba en libertad después de un inquietante interrogatorio sin que se anunciaran cargos en su contra. Ni siquiera la prensa española hacía comentario alguno y yo empezaba a sentirme molesto. El domingo, por fin, conocía las primeras reacciones de Obama. Su frase debió de retumbar en los oídos de algún togado estadounidense. Dijo más cosas, pero yo me quedo con esta frase, a la que curiosamente el presidente quiso restarle contenido político: “Mi mensaje es para los padres de Trayvon Martin. Si yo tuviera un hijo, se parecería exactamente a él”…

Es posible que  la intención del Presidente americano fuese otra, pero ésas que hemos entrecomillado en el párrafo anterior son, precisamente, las palabras que han ahondado en la cera que en muchas ocasiones obstruye los oídos de los jueces americanos. Los padres de Martin se mueven en contra del silencio judicial que permite que Zimmerman, el presunto asesino de su hijo, siga en libertad sin cargos y presiento que las palabras de Obama habrán caído para ellos como llovidas del cielo. Obama no interfiere en la tarea judicial, pero al pan, pan y al vino, vino. Por si quedaba alguna duda, el presidente todavía añadió algo más: “Creo que tienen razón (los padres de la víctima) al esperar que nosotros, como americanos, nos tomemos lo sucedido con la seriedad que se merece para llegar al fondo de lo ocurrido”. Más claro, agua…
 ---
Pesoístas  y populares andan a la greña dialéctica por ver quién de ellos es el ganador de las elecciones en Andalucía y Asturias. Y es que tiene h… la cosa. En Andalucía gana el Partido Popular, pero previsiblemente gobernarán los “socialistas” del PSOE, mientras que en Asturias las predicciones apuntan en sentido contrario: podría gobernar el partido de Álvarez Cascos con el apoyo de los populares. Podría, digo, aunque las espadas estén en el aire y la moneda de canto, rodando a ver de qué lado cae. Arenas se `proclama ganador, pero a media voz. En Asturias, Javier Fernández, el candidato socialista, también se proclama vencedor, pero al igual que Arenas, lo más probable es que tampoco gobierne. Ni uno ni otro parecen haber captado el mensaje del electorado. A los socialistas, el electorado les concede la posibilidad de gobernar en Andalucía, pero con la condición de que abandonen ese  social-liberalismo cruel y voraz con los más débiles y vuelvan a la senda de la socialdemocracia de la que nunca debieron salir, al menos sin avisar. En Asturias, la mina no perdona y paga la izquierda por tanto y tanto error. Tocan  el cielo con las manos, pero se quedarán en el limbo de la oposición, si dios no lo remedia. Perdón, los populares, que son los que tienen la sartén por el mango. Por último, un mensaje apenas perceptible entre tantas cifras y porcentajes. Si la sociedad  es capaz de organizarse políticamente en una opción seria y democrática, puede llevarse las próximas confrontaciones electorales de calle. De lo contrario, si las torpezas de Zapatero trajeron a Rajoy, las del popular pueden derivar en un renacimiento de la extrema derecha. En fin, que no está el patio para muchas fiestas. Y menos para resacas.