Monica Bellucci, Malena y yo

. miércoles, 22 de febrero de 2012

Hoy no es mi día. El lunes estuve en Denia, en el Nuevo Hospital de la Marina Alta y el encuentro con mi neuróloga no resultó del todo bueno, aunque tampoco pueda decirse que fuese malo. La última resonancia magnética no ofreció unos resultados como para lanzar las campanas al vuelo, pero tampoco para echarse a llorar. Esta mañana me esperaba un nuevo análisis clínico, el de hoy para ver cómo diablos oscila ese maldito colesterol que se pega como una garrapata  a las paredes de mis arterias. Todo parece indicar que podría tener que pasar por el quirófano, algo que, en verdad, me aterroriza. No me lo aseguró el médico, pero lo presiento, me pareció leer el disimulado mensaje en el fondo de su mirada. Así, con ese estado de ánimo, no he podido leer la prensa con atención. Tan sólo una noticia ha captado mi interés y ha traído un ligero calorcillo hasta mi debilitado corazón. Mónica Belluccí ha “fichado”, a sus cincuenta años, por Dolce&Gabbana Make Up, de la que se convertirá en su imagen…



A mí, Mónica siempre me ha inspirado, con su inquietante y turbadora belleza, extraños sentimientos. Cuando la vi  por vez primera en Malena, la inolvidable película de Giusseppe Tornatore, quedé prendado de su  belleza, repleta de sugerencias; de su penetrante mirada, de su cuerpo moreno y exuberante, y de su larga y abundante cabellera negra, oscura como la noche. Sin pretenderlo, pensé que yo también andaba, como el adolescente Renato, por las calles de Castelcuto, aquel pequeño pueblo siciliano, a lomos de una vieja bicicleta intentando captar todo el sugestivo atractivo de Malena… Malena y Mónica, Mónica y Malena: en ocasiones no sé distinguir entre una y otra y me hago un verdadero lío del que me cuesta salir. Hoy me ha venido bien tropezarme con su rostro retratado en papel de periódico, porque, incluso en él,  sobresale, en esplendoroso relieve, el embrujo de su mirada,  el encanto de su rostro y las intrigantes y moldeadas curvas de su cuerpo de diosa latina. Hoy, pues, en la prensa no existe nadie más que Mónica. O Malena…