Los españoles somos únicos e inimitables, capaces de batir marcas, superar récords, elevarnos hasta las cimas más altas y descender hasta las simas más profundas. Vean, pasen y vean: cinco, cinco millones trescientos mil parados acumulados en los últimos años, cifra no igualada por ningún otro país del mundo, ni siquiera por nosotros mismos… de momento. Seguro que en unos meses, en un más difícil todavía, superamos la cifra y nos acercamos a los cinco millones y medio. Faltaría más. “Pa chulos nosotros”, aunque sola sea para rompernos las narices en el esfuerzo más inútil y estéril de los últimos tiempos. Nuestra manera de fabricar desempleo es propia de nosotros mismos, exclusiva, de marca registrada, made in Spain. El sistema es muy sencillo, casi elemental. Se comienza por poner el dinero de los trabajadores en las cajas sin fondo de los más ricos -de los muy, pero que muy riquísimos, diría yo- y el paro crece rodando, veloz, imparable…
… Hay un ingrediente que no he citado y que suele anexionarse a la infalible fórmula señalada. Se trata de la corrupción y la desidia judicial. La desidia judicial no es importante en sí misma, pero si en el modo y manera en que, ante sus narices –la de sus señorías-, crece y crece la corrupción generalizada en las esferas más pudientes de la sociedad, en la política y las altas finanzas sobre todo. Rebuscar en las alforjas de los más pequeños siempre ha sido el sistema infalible para este modelo de tropelías. En las viejas historias del medievo ya iban los recaudadores de impuestos de aldea en aldea vaciando bolsillos, allanando despensas y graneros, menudeando granjas y caballerizas… Solo falta que violen a nuestras mujeres, como en aquellos tiempos de estopa, hambre y palos. Paciencia, todo puede llegar.
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Leía un artículo en la versión digital de El País que me ha hecho retroceder en el tiempo, por fortuna, no los aludidos tiempos del medievo español, pero si los trágicos y oscuros tiempos del franquismo, no menos atroces y cruentos que aquellos otros. El artículo al que me refiero lo firma una pluma tan ilustre, elegante, culta, refinada y poética como es la de Félix de Azúa. Si uno lee “Última sangre” (compendio de su obra poética: 1968-2007), o alguna de sus novelas, “Diario de un hombre humillado” (V Premio Herralde, Anagrama, 1987), por ejemplo, verán que digo la verdad, y toda la verdad, sobre tan sobresaliente creador. Escribía Azúa sobre La Codorniz y, a mí, La Codorniz me trae un montón de recuerdos. Así, a bote pronto, me viene a la memoria aquella colosal edición que fue censurada y en la que se parodiaba gráficamente "los 25 años de paz”, campaña organizada desde el ministerio de Información y Turismo que capitaneaba el hace poco fallecido Fraga Iribarne. La portada de La Codorniz mostraba, si no recuerdo mal, un tren entrando en un túnel y en letras de gran tamaño podía leerse, 25 AÑOS DE PAZ…, luego en el interior las páginas seguían totalmente tintadas de negro para, al final, en la contraportada, agregar, Y CIENCIA… La edición fue secuestrada en casi su totalidad y la revista clausurada. Aquellos “25 años de paciencia” trajeron cola y el recuerdo de la desaparecida publicación todavía me arranca más de una sonrisa, entre divertida y malévola.
De aquella Codorniz no se me olvida la divertida permanencia de mi ínclito profesor, don Félix de la Fuente y Marquínez de Beltrán, en su “Cárcel de papel”, como “condena” por sus conferencias de larga duración (hasta 24 horas), o el paso por la redacción de mi buena amiga y escritora, Mariló Mihura, sobrina del desparecido autor Miguel Mihura (Miguel Mihura, Tono y Herreros fueron los creadores y padres de la revista, en 1941). Mariló trabajó también para La Codorniz. Mis amigos de Jávea recordarán a una jovencita preciosa, inteligente y atrevida, que se subía a los escenarios y cantaba, entre mareantes balanceos de caderas y pícaras sonrisas, aquello de Pichi, Pichi es el chulo que castiga…. Junto a ella, Teresín Cortell entonaba una ranchera inolvidable (que negras son las horas si no estás a mi lado, las noches son eternas si estoy lejos de ti...) hasta que salía Pepe El Rubio (José Salvador Cardona) y el público, antes de que el excelente actor y cómico abriese la boca, comenzaba a carcajadas. A Mariló hace algún tiempo que no la veo, pero unos pocos años atrás solía pasarse unas semanas en Jávea, en los alrededores del Arenal, en un apartamento que yo mismo le busqué. Pepe Barber, además de mi mejor amigo, lo es también de Mariló. De jovencitos –de niños casi- vivían en la misma finca, en la calle Mayor. Don Eugenio Mihura, Jefe de Telégrafos, ocupaba el primer piso, y Don Salvador Barber, médico y padre de mi amigo, el segundo. A Lola, la madre de Mariló, la recuerdo nadando frente al Hotel Miramar, durante largo tiempo, con el cansino y lento, pero infatigable movimiento de sus brazadas. La Codorniz que yo conocí fue la de Álvaro de Laiglesia como director, y Chumy Chumez, Pgarcia, Mingote, Ops, etc. Qué tiempos, Dios, qué tiempos aquellos…
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Una información curiosa. Un cura italiano anunció a sus feligreses que dejaba la parroquia para llevar a cabo unos días de “retiro espiritual”. La sorpresa vino cuando don Massimo Donghi -que así se llama el tipo- apareció en las listas de pasajeros socorridos en el naufragio del Costa Concordia. Al parecer, el capitán del barco no era el único sinvergüenza que viajaba a bordo. Nosotros, aquí, en plena madre patria, tenemos también a un cura de retiro (a ver como lo digo)…, de retiro material. Al hombre ahora le da por depilarse hasta los pelos del culo, y me da a mí que no los de la lengua. Don Juan, el cura motero, parece haber descubierto, en las honduras del templo de Gran Hermano, que la carne, si se toma calentita, no es tan mala como dicen…




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