Por Asunción Cruañes siempre he sentido un enorme respeto personal y una profunda admiración política. Creo que fue el (la) primer político importante que conocí. Miguel Zaragozí, en aquellos tiempos Secretario General de la Agrupación Local PSOE (Xàbia) me la presentó, creo que en uno de aquellos acalorados mítines que alumbraron los primeros días de incipiente democracia. Algún tiempo después, siendo yo Alcalde de Jávea, Asunción Cruañes fue nuestra principal y más frecuente invitada, y su presencia nos hacía sentirnos más altos y fuertes. Eso era, nos contagiaba fortaleza, pero también ilusión y esperanza. Con mucha frecuencia me hablaba de la suerte que había tenido el socialismo democrático español al encontrar a un líder tan esperanzador y firme como Felipe González. No se equivocó.
En una parte importante, muy importante, le debo a Asunción Cruañes la posibilidad de encabezar las listas municipales de 1979. Verán. Zaragozí y yo nos habíamos propuesto, al constituir la primera agrupación socialista local, no participar en cargos públicos, dedicando todo nuestro esfuerzo al fortalecimiento, consolidación y expansión de la joven y diminuta agrupación local. Yo me hice cargo de la Secretaría de Organización y a ella dediqué todo mi tiempo libre y sacrifiqué, a esa labor, buena parte de mi actividad profesional. Cuando se acercaron las primeras elecciones municipales, Miguel y yo, haciendo honor a nuestro compromiso, nos negamos a postulamos como candidatos. Se eligió una candidatura que, en un principio, nos pareció la mejor, pero que andadas las semanas fue perdiendo densidad y confianza. Una tarde Zaragozí me llamó y dijo que teníamos que hacer algo. Qué, le pregunté. Miguel sonrió, con esa sonrisa de viejo zorro que le daban los años de ventaja que me llevaba, se rascó el pelo por encima de las orejas, se puso serio y me dijo: el domingo nos vamos a Alicante y tú tienes que ser el candidato. Casi me caigo de espaldas.
El domingo por la mañana, muy temprano, llegamos a Alicante Miguel, Antonio Campos y yo. Antonio Campos era también miembro de la ejecutiva local y hombre de una enorme templanza política y muy sereno a la hora de cavilar sus decisiones. Tan pronto llegamos que nos resistimos a la hora de tocar el timbre de la puerta. Estarán descansando todavía, Pienso que será mejor que tomemos algo por ahí y regresemos un poco más tarde, propuso Miguel. Eso hicimos y, buscando un lugar en el que acomodarnos, paramos en Muchamiel, en un bar todavía vacío. El dueño se distraía bajando las sillas que tenía dispuestas, patas arriba, sobre las mesas, el suelo estaba limpio y el local olía a detergente barato y a embutido de primera. Nos preparó una mesa y pedimos embutidos y unas chuletas a la brasa, que el hombre nos prometió que serían tiernas y jugosas. No nos engañó. La bandeja de carne y embutidos olía de cielo bendito y yo sentí cómo las tripas se movían en mi interior y la boca se me hacía agua. Por si faltaba algo, entró un hombre con un capazo lleno de habas tiernas. Nos dijo que si queríamos probarlas, crudas, con una pizca de sal. Se dejó el capazo junto a nosotros y nos invitó a “coger las que quisiéramos”. .. No dejamos ni una.
Llegamos a la casa de Asunción Cruañes, eufóricos. Nos acomodamos sobre el tresillo. Asunción atendía las explicaciones de Zaragozí y Campos. Yo me mantenía al margen, escrutaba con atención el rostro de Asunción y trataba de encontrar algún mensaje en las facciones de su cara. Nada. Su rostro, inmutable, parecía una estatua de mármol, sin más expresión que aquella sonrisa permanente, que parecía pegada a su boca. Al final se comprometió a trasladar nuestro problema ante la comisión de listas y, después de un cordial saludo, nos despedimos. Yo no las tenía todas conmigo, pero Miguel, que siempre me llevaba unos metros de ventaja, dijo: creo que todo está claro. Tú, Enrique, serás el candidato. Y acertó. Al cabo de unos días el Partido Socialista me anunciaba como cabeza de lista y candidato a la alcaldía de Jávea y un par de meses después la Corporación me proclamaba Alcalde de Jávea por nueve votos a ocho.
De seguido, siendo Alcalde, Asunción fue nuestra invitada en numerosas ocasiones y su presencia en las campañas electorales resultaba del todo obligada. Diputada durante 16 años, de 1977 a 1993, fue siempre un político ejemplar, por su honestidad personal y política, su decidida defensa de las libertades y, muy especialmente, de los derechos de la mujer, de los que fue una decidida y primeriza defensora. Tal vez no sea importante decirlo, pero el padre de Asunción Cruañes fue Alcalde de Jávea y aquí, en esta preciosa villa, nació ella misma, en 1925. Guarde yo su imagen como ejemplo para presentes y futuros socialistas, como faro y guía, como norte y referencia de lo que se puede hacer en política sin volver el rostro, sin ocultar las ideas ni embadurnarse las manos. Descanse en paz.
Foto: de izquierda a derecha, Milagros Lambert, Jaume Castell, Ricardo Pérez Casado y esposa, Pepe Cholbi, Asunción Cruañes y el alcalde Enrique Bas


1 comentarios:
El homenaje a Andrés Lambert tuvo lugar los días 9 al 11 de agosto de 1985. Milagros Lambert es la hija del homenajeado y aparece en la esquina, a la derecha de la foto.Le siguen Jaume Castell, Diputado a Cortes. Ricard Pérez Casado, Alcalde de Valencia y Pepe Cholbi, Senador en aquel tiempo. Asunción y yo, ya sabéis. No sale Antonio Espinós, que está junto a mi, a mi izquierda, y que fue uno de los grandes colaboradores del proyecto
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