Que el error del BOE es minúsculo, resulta del todo evidente. Que sea insignificante ya es harina de otro costal. Es el eslabón de una cadena demasiado larga, torpe y confusa. Ese es el problema que anula cualquier posibilidad de calificar como de poco bulto el error más liviano. El montante de la carga resulta ya excesivo, ciertamente insoportable e injustificado. Esto no hay dios que lo aguante. Primero, como siempre, un anuncio confuso, sembrado de interrogantes, incierto, dudoso, lleno de lagunas. A continuación que si esto o si lo otro. Finalmente, el desconcierto. La aventura de las pensiones, por ejemplo, resulta dramática. El Banco de España advierte de la necesidad de su revisión y el ministro del ramo sale en plan Capitán Trueno alardeando de la buena salud de la Seguridad Social. Yo, tonto de mi, voy y me lo creo. Hasta que el propio presidente del Gobierno y la ministra de hacienda hablan de la necesidad de revisar la edad de jubilación. Se arma la remolina y el asunto se olvida, hasta que llegan las rebajas. Las pensiones se congelan....
Las pensiones se congelan y bajan los sueldos de los funcionarios. Esto último lo lamento, pero me parece lo más justo. En general los funcionarios cobran bien, por encima de los trabajadores de la empresa privada y con seguridad en el puesto y en el cobro. Cuentan, además (los empleados laborales municipales, no siempre), con incentivos de productividad (un chollo), trienios, quinquenios y beneficios sociales añadidos, como prótesis dentarias, lentes graduadas, medicamentos totalmente gratuitos, libertad de elección de centro médico (sin listas de espera), premio de jubilación, etc... Por ahí se debía de haber empezado. Aún así y todo, lo sinuoso de la línea de actuación confunde al más pintado e inquieta el animo más tranquilo. Zapatero es único en sembrar intranquilidad y desconfianza, tanto si toca como si no. Ahora mismo despierta horror tanto en los sectores más conservadores de la sociedad como en los más progresistas. Asusta al más valiente. Pero lo que más asusta es el negro panorama de aspirantes a quitarle el puesto. Rajoy, que debiera ser el recambio natural, asusta todavía más tanto a unos como a otros. Así pues, el problema Zapatero crece y se agiganta, porque tampoco existe una solución Rajoy. En verdad, ahora mismo no parce que exista una solución con nombre propio. Y habrá que buscarla.
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