Esta vez Del Bosque olvidó su tozudez y puso sobre el terreno de juego un once más creíble y eficaz. Torres quedó fuera y el equipo lo notó para bien, jugó con más alegría, combinó mejor, llegó con más gente arriba, creó peligro en las jugadas de ataque, su juego pareció más cohesionado y su defensa más sólida y segura en los momentos en que Alemania pudo lanzar sus contados ataques. Esta vez España, sin lisiados en sus filas ni caprichos (los justos) en su alineación, se mostró superior a una selección alemana que quiso, pero no pudo...
Nos queda Holanda, una selección que juega bien al fútbol, tan bien como nosotros, y que sabe acercarse al área rival con peligro. Robben, al que no quisieron Florentino y su “cuadro técnico y de dirección” es un estilete mortal, un desorganizador compulsivo de defensas ajenas. España, sin embargo, si Del Bosque no vuelve a las andadas –de lo que uno no puede estar muy seguro-, tiene el título mundial a su alcance. Potencial tenemos para conseguirlo. Nos lo merecemos. Disponemos de la mejor plantilla de jugadores del mundo y pese a la terquedad y miedos de su entrenador -noble y bueno como persona y deportista- podemos conseguirlo. Podemos.


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