Esta mañana, en la sesión ordinaria de control del Gobierno, le pedía Rajoy a Zapatero un montón de cosas. Sobre Cuba, la liberación de los presos de conciencia, la entrada de Cruz Roja en las cárceles cubanas y la invitación de los disidentes del país caribeño a la Fiesta Nacional del 12 de Octubre en la Embajada Española de La Habana. Casi nada. Si acaso, hecho en falta una declaración de guerra, vamos. Esas cosas está bien que se digan en prensa, que lo escriban los “plumillas” y lo aireen los periódicos. Dicho desde el gobierno equivaldría a una rotura de relaciones, inútil por otra parte. Las relaciones diplomáticas son eso, diplomáticas y dan lo que dan, que aun no siendo mucho es mejor que un desafío armado. Rajoy debería hacer ejercicios de contención, si es que aspira algún día a ejercer como gobierno y no como eterno opositor. La paz se hace con palabras. O no se hace.
Pero no quedaba ahí la cosa. Hoy, en el seno dicha sesión parlamentaria, era el día de Rajoy, su jornada personal de peticiones. A tal punto, también había sopa con hondas para Hugo Chávez. El popular pedía convocar al embajador venezolano a consulta para entregarle una nota de protesta, como si no fuera bastante la comunicación conjunta difundida por ambos gobiernos en que la cosa quedó clara, ofreciendo el gobierno venezolano colaboración en la lucha contra ETA, conforme a lo exigido por el Gobierno de España. Está bien, claro y bien. Si acaso, conviene señalar, la endeble posición y poco calado del político gallego, empecinado en decir todo lo contrario de lo que piensa y conviene. Está claro que quienes lo aconsejan y dirigen –Aguirre, Camps, Trillo, Cospedal, etc.- no son sus mejores amigos de siempre. Como mucho, sus camaradas de ahora. Que Chávez no sea muy amigo de Aznar no quiere decir que sea enemigo de España. Más bien, todo lo contrario.












0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada