Lo que son las cosas. Hace unos años España exportaba al mundo su dieta mediterránea con notable éxito y los españoles presumíamos de comer mejor y de modo más saludable que el resto de los mortales. No es la primera vez que nos pasa. Cuando encabezamos una carrera y la multitud nos advierte del éxito con sus aplausos, siempre pecamos del mismo defecto: nos sentamos a escuchar el agradable sonido de la gloria lo que, a renglón seguido, nos conduce de modo irremediable al inhóspito rincón de los fracasos. Los alemanes, por ejemplo, por lo común barrigudos y excesivamente alimentados, han rectificado, mejorado su dieta y nos han adelantado en hábitos alimentarios saludables. Por contra, según señala el Instituto Nacional de Estadística (INE) el índice de obesidad se sitúa ya en un preocupante 17%. España es el cuarto país que más se aleja de la dieta mediterránea, después de Grecia, Albania y Turquía. Las comidas fuera de casa, la aparición masiva de nuevos productos alimentarios, el abuso de platos precocinados, el uso exagerado de grasas animales (especialmente productos de bollería) han elevado los indicadores de la báscula de modo preocupante.
Mientras otros países –como Alemania, Francia y Reino Unido, por ejemplo- corrigen sus hábitos alimentarios, en otras latitudes también se adoptan medidas en dirección a una alimentación más equilibrada y saludable. Si en Nueva York, hace ya tiempo, le declararon la guerra al tabaco, las instituciones oficiales no paran de adoptar medidas en favor de la salud de sus ciudadanos. A la retirada de las grasas trans del mercado, la obligatoriedad de indicar la composición calórica en los menús, sigue ahora una nueva ofensiva contra la sal, cuyo consumo quieren reducir un 25% en un período de cinco años y con ello mejorar la salud de los corazones neoyorquinos. Probablemente no toda la política deba sustentarse en controvertidas prohibiciones, pero si se hecha de menos una mayor presencia de las instituciones oficiales en la orientación, mejora y reeducación de sus hábitos alimentarios. Dar a conocer las reglas de una alimentación sana y nutritiva, educar a la ciudadanía en hábitos alimentarios saludables desde la infancia y, al mismo tiempo, señalar con toda claridad y firmeza aquellos consumos que atenten seriamente contra la salud es algo que cabría esperar de las distintas administraciones: estatal, autonómicas y locales. Comer sano es tan importante como comer.













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