Premiar a los malos

. lunes 14 de diciembre de 2009
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No puedo evitarlo. Me viene a la cabeza una serie de reflexiones a partir del artículo de Javier Rodríguez Marcos (El País, 14 de diciembre) sobre Javier Gomá Lanzón (Bilbao, 1965), cuya última y reciente obra, Ejemplaridad Pública (Taurus, 2009) completa una interesante trilogía que inició con Imitación y experiencia (Pre-Textos, 2003, Premio Nacional de Ensayo 2004) y Aquiles en el gineceo (Pre-Textos 2007). Sirva como complemento orientativo acerca de la personalidad del autor, recordar que Gomá Lanzón es Doctor en filosofía y licenciado en filología clásica y Derecho español. En 1993, ganó con el número uno las oposiciones al cuerpo de Letrados del Consejo de Estado y es actualmente, desde 2003, Director de la Fundación Juan March. Gomá recibió el XIII Premio FIES de periodismo por su artículo “La majestad del símbolo” y es miembro del Consejo Asesor de Revista de Estudios Orteguianos, de la Junta Directiva de la Asociación Española de Fundaciones, y del International Visitors Program del Departamento de Estado/USIA de EEUU.

El articulista resume la filosofía del eminente ensayista y escritor en una sola frase: “sobran leyes y faltan conductas ejemplares”, afirmación que comparto sólo en parte. A mi juicio, esa es tan solo una de las caras del problema -la peor de ellas, si se quiere-, pero no la única. Sobran leyes, tan cierto como que se echan de menos otras. Faltan conductas ejemplares, ciertamente, pero haberlas haylas, lo que sucede es que no son debidamente valoradas, más bien todo lo contrario. Los últimos casos de corrupción política en las comunidades de Valencia y Madrid, principalmente, son un claro ejemplo de lo que digo: las encuestas bendicen al partido protagonista en presuntos casos de corrupción por varios miles de millones de euros. En los programas televisivos se entrevista previo pago a fugitivos de la justicia, a expresidiarios, a presuntos autores de delitos contra la hacienda pública, a presuntos maltratadores, etc., y en los programas mal llamados de convivencia (Gran Hermano, por ejemplo), la "audiencia" premia chulería, machismo, tetas y culos sobre otros rasgos físicos y aptitudes intelectuales o éticas. Todo esto, desde luego no ayuda nada, como tampoco ayuda nada la gran cantidad de políticos arribistas que ejercen sus malas artes desde el escenario público, ni en nada ayuda la escasa diligencia y visión a la hora de legislar, la negligencia, apatía y malos modos de la justicia, la escasa preparación de la clase docente y universitaria y, en general, una interpretación de la sociedad basada en el “todo vale si se logra dinero y poder”. Poder y dinero, sobre rectitud y conducta ejemplar. Esto último se reserva para justificar algún premio o ensalzar hipócritamente alguna caso aislado. En realidad lo de la buena conducta queda para los inútiles y fracasados, para los que la fortuna sigue siendo esquiva por moverse en un territorio falso y quebradizo. La corrupción política es inadmisible, pero es solo la punta del iceberg, lo más sobresaliente y fácil de ver. Javier Gomá lleva razón en su planteamiento, pero solo en parte: premiar a los malos no es bueno. Y lo venimos haciendo...