Nochebuena de juzgado

. jueves 24 de diciembre de 2009
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Me había prometido liquidar Alfil Rojo durante estos días de fin de año. No voy a llevar a cabo tal pretensión. Me rebelo y me mando a hacer puñetas. Allá se vayan también, conmigo o con quien quieran, los médicos que me recomendaron paz y tranquilidad después del "ictus" que me acometió a finales de septiembre. La prensa es culpable de mi decisión. Cierto: Esta mañana, mientras repasaba las noticias de la página principal de "El País digital", el corazón se me puso a latir con fuerza. Jo. Ni que estuviéramos en tiempos de la inquisición y anduviese por ahí algún "torquemada" suelto. Uno, no: varios. El que condenó a cárcel a dos periodistas –al Director de la SER y al jefe de los Servicios Informativos de dicha cadena-, el magistrado Ricardo Rodríguez Fernández, titular de un Juzgado de lo Penal de Madrid –ver información completa en "elpais.com"-; el danés que metió en la cárcel al Director de "Greenpeace" por la payasada de Copenhague y el americano, Donald Venezia –faltaría más-, que ha condenado a la española María José Carrascosa por llevarse a su hija amparada en una sentencia de un tribunal español.

Son tres casos diferentes en tres países igualmente distintos, pero con un denominador común: se trata de sentencias desconcertantes, que parten por la mitad la creencia de que estamos ante una justicia ecuánime y equitativa. Nada de eso. Es más; uno se pone a temblar ante la posibilidad y el temor de caer en manos de ejemplares de semejante calado. Lo curioso y común en los tres casos es que quienes pagan el pato son ciudadanos españoles. Hay que joderse: ¿será que estamos gafados en nuestras relaciones con la justicia, venga ésta de dónde venga?

El caso de los periodistas españoles es, probablemente, el más inaudito. Lo más curioso de la sentencia del juez madrileño –de por si bastante singular- es otra sentencia que se incluye de tapadillo y que no es menos notoria que la sentencia principal: "Internet –dice el magistrado- no es un medio de comunicación social en sentido estricto". Lo que quedaba por oír. Para mí que este juez nos ha caído de algún remoto pasado, a saber cómo y de qué manera. El caso es que esto de escribir –sobretodo en Internet- se va tornando peligroso y fascinante: ¡ahora que parecía que entrábamos en el siglo de las libertades! Ni de coña. Al tiempo que estamos y en vista de lo leído, ésta más bien parece una Nochebuena de juzgado. De juzgado de guardia.