No ha sido el suyo, el de Zapatero, un descenso excesivamente rápido, pero sí rotundo y progresivo, siempre en el mismo y negativo sentido. Comenzó bien y está a punto de despeñarse. Por increíble que parezca nadie ha derrochado tanto capital político en tan poco tiempo y, lo que es peor, para nada. Para nada bueno, se entiende. Según una encuesta que publicaba la pasada edición dominical de El País, el Partido Popular ganaría ahora mismo unas supuestas elecciones generales con una amplia ventaja: 3,6 puntos. Los españoles han perdido la confianza en Rodríguez Zapatero y un 61% de los preguntados desaprueba su gestión de la crisis económica. Menos mal que un 69% de los encuestados muestra un profundo desacuerdo con el modo en que Mariano Rajoy ha venido gestionando la crisis de corrupción dentro del Partido Popular. Diría más: Resulta reconfortante que una mayoría de sus votantes, un 42%, rechace la gestión de lider en referencia al caso Gürtel, consiguiendo el popular tan solo un corto y débil apoyo del 34% de sus propios votantes. A pocos les está gustando -ni siquiera en casa-, el chalaneo de don Mariano con los numerosos casos de corrupción que debilitan y menguan la credibilidad de los populares. Reconforta este dato, porque puede significar que todavía los chorizos no han conseguido la hegemonía política en este país, y que todavía hay más ciudadanos honestos y honrados que chorizos y corruptos. Los datos, de cualquier modo, no invitan al optimismo, pero suponen un respiro. Parece que hay más personas honradas que gansos y timadores. Un verdadero alivio, a la vista de cómo van las cosas.
No crean mis lectores que el alivio es poco. Consuela saber que en este país no gustan ni los inútiles -como Zapatero- ni los gandules que alienta Rajoy. Ambos partidos deberán de razonar, y mucho. Zapatero debería plantearse seriamente dejar paso a alguien más eficiente y capaz en su puesto, de lo contrario podría acabar dejando a su partido a la deriva, vacío de contenido y de apoyos. Podría, en definitiva, provocar un colapso político dentro del socialismo democrático y dejar al PSOE en estado vegetativo para mucho tiempo, tal vez para siempre. O provocar un viraje político de los socialistas hacia su propia izquierda excesivamente rotundo, lo cual no sería tampoco bueno para nadie. A la derecha le sucede otro tanto: podría renacer un aznarismo ahora expectante, pero tremedamente preparado para la radicalización y los extremismos, nada buenos ni deseables ahora mismo ni nunca. En definitiva, ambos líderes, Rajoy y Zapatero, parecen al borde del KO y los dos están resultando decepcionantes. Uno y otro deberían preparar las maletas y poner rumbo hacia sus propios destinos, dejando las riendas de sus respectivas formaciones en manos capaces y responsables, honestas, preparadas y tenaces. O nos puede caer la de Dios: un diluvio, vamos.
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