Se va. Al final se verá si es o no culpable, pero se va ahora, tarde, muy tarde, como todos los que ahora mismo andan atrapados entre las telas de una trama que cada día parece más extensa, agrandada y vergonzante. Rajoy –uno no sabe bien por qué- reaccionó con su acostumbrada lentitud y torpeza y las cañas acabaron por convertirse en lanzas. Si Rajoy no anda atrapado entre los entresijos de la trama, lo ha disimulado de forma tan lamentable como Camps. Su total carencia de reflejos lo hacen, políticamente, tan culpable como al resto de implicados. Su lentitud de reflejos, su reiterada práctica del avestruz y sus acusaciones de acoso al gobierno, ahora mismo se revuelven en su contra ante la evidencia de la trama. Su pasada defensa a ultranza de los implicados y sus reiteradas acusaciones al gobierno, de acoso y persecución política, encubriendo con sus torpezas la evidencia de una red de corrupción cada vez más cierta y evidente, reclaman la renuncia inmediata a su acta de diputado. Con Rajoy en la calle, cogidito de la mano, el santurrón y trajeado presidente de los valencianos debe seguir idéntico camino, si no otro peor: se pueden tener amigos, pero no chorizos del alma. En cuanto a Ricardo Costa, gana el Partido Popular si finalmente aparta de la política a este miserable trepador. De momento ha sido cesado como Secretario General de los populares valencianos y como Portavoz de su Grupo Parlamentario. Está por ver si entrega su acta de diputado. En todo caso, supondrá un alivio si dejamos de ver y oír a este hombre bañado en soberbia, altivo, arrogante y chulesco, que más que un parlamentario del pueblo valenciano más bien parece, por su altivez y arrogancia, gestos, palabras y ademanes, un verdadero chulo putas. Au revoir.













0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada