No se vaya, quédese, Señor Alcalde. No es un buen momento –aunque lo sea para usted- para dejar el Ayuntamiento en otras manos que no sean las suyas. Yo no veo, ahora mismo, otra persona más responsable que la suya, ni otra mente más lúcida, serena y centrada en los problemas del municipio. Ciertamente, tampoco es cabeza de altar y, como todo humano, está sometido a la posibilidad de equivocarse, de errar y, con toda seguridad, lo ha hecho en más de una ocasión. Pero convertirlo en chivo expiatorio de todos los males, no es justo, ni oportuno, ni interesante y positivo para el presente y futuro de Xàbia. Soplan malos tiempos, es cierto. Sin embargo, no creo que sea ésta la hora más oportuna para arrojar la toalla. Es verdad que el momento es malo, para todos, con escasas excepciones, si es que hay alguna. Y, ya se sabe: a grandes males grandes remedios y, si no son grandes, que sean, al menos, sensatos, producto de la reflexión y del análisis y no fruto de las severas exigencias del complejo momento económico por el que estamos atravesando, más o menos –tal vez más, si se quiere- como el resto de los pueblos valencianos y españoles.
Debería primar la reflexión, tanto en la clase política como en la ciudadanía, en vez de tirar a ciegas, con más ira e irreflexión que clarividencia. Son momentos de intranquilidad e incertidumbre, y en semejante estado sienta mejor una tila que un café. La mente clara y tranquila, sin buscar políticamente ventajas en el drama de una crisis económica que barre a la totalidad de los pueblos españoles y golpea a todos sin misericordia. Monfort está mostrando un temple extraordinario a la hora de capear los temporales, una serenidad envidiable y una fortaleza poco común, aunque no infinita ni inextinguible. Ahora mismo yo veo, en el escaparate humano municipal, más sensacionalismo y deseos de sacar tajada política que otra cosa. Más nerviosismo que capacidad de análisis. Más valentía para herir que agudeza para reflexionar. Más fortaleza para golpear el yunque de las iniciativas municipales que sentido de la responsabilidad y fortaleza para enderezar y templar el acero de las acciones reparadoras de una crisis que aprieta con inaudita fuerza y extraordinaria intensidad. Por todo, Señor Alcalde, reflexione y quédese. No es momento para que el timón de la nave javiense quede en manos y mentes llevadas por el oportunismo del momento. Yo le recomendaría que se quedase. Pienso que Xàbia -que Jávea-, todavía le necesita.


3 comentarios:
¡Hombre ya era hora de encontrar un sitio donde decir lo que me parece la gestión de la administración municipal!
Hace casi 20 años que compre un piso en el Arenal. Desde entonces veraneo y paso algunas temporadas en Jávea.En todo este tiempo no he visto ninguna actuación que mejore la playa, la limpieza, las aceras o las calles del Arenal. Debe ser que aunque pagamos los impuestos, no votamos y por eso no valemos nada a efectos públicos.
Empecemos por la playa del Arenal:
¿como es posible que tenga bandera azul? llena de colillas, cuando se llena de algas casi se pudren sin recoger,las tumbonas de alquiler llenan la playa siendo utilizadas menos de un 50% habitualmente, las palmeras peladas y polvorientas, paradigma de como no deben cuidarse.El paseo marítimo, por llamarlo de alguna forma, está como hace 15 años (un poco peor) siendo con mucho el peor de toda la zona.Las terrazas playeras cada vez mas avanzadas, ocupando aceras en las que es imposible pasar con carritos de bebés.
El litoral cuando vaya otra vez enviaré algunas fotos de la invasión a que esta sometido por algunos propietarios.¿Es tan dificil darse un paseo una vez al año y denunciar esas apropiaciones ilegales?.
La iluminación,la suciedad,la falta de conservación, los sitios de la basura de algunas calles.
En todo esto me refiero al Arenal, porque el puerto y el pueblo, es otra historia, pero esos votan.
Todo esto es improvisado y escrito sobre la marcha pero si tengo oportunidad ya haré una relación mas detallada con fotos.
No he querido hablar de las subidas de imouestos, que no importaría si fuesen bien empleados.
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