El obispo de lo ajeno

. martes 6 de octubre de 2009
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Este nuevo arzobispo se le parece al anterior como una gota de agua a otra gota de agua del mismo vaso. En realidad, todos los obispos se parecen entre sí, al menos los que yo he podido conocer, que no son pocos. Este del que hablo ahora, el arzobispo Carlos Osoro, había estado en Xàbia de confirmación, y un grupo de javienses le entregó una carta en la que se le exigía la devolución del templo de San Bartolomé al municipio, su legítimo dueño. El arzobispo se metió la carta en el bolsillo y sonrió con frialdad, con un infinito desprecio. Un oblispo es un obispo, pareció decirse. Algunos javienses merodeaban la escena, reivindicativos e indignados. Unas pocas beatas, de las de misa y comunión diarias, de esas que farfullan los padrenuestros del mismo modo que las fulanas gorgojean en sus fingidos orgasmos de placer, revoloteaban por los límites de la escena con aparente indignación, como queriendo mostrar su apoyo al preboste. Después, alcalde y arzobispo se unieron y hablaron del emblemático y polémico templo...

Me temo que no llegaron a ningún acuerdo. No hubiera sido bueno para el municipio. El único acuerdo posible debe pasar por el reconocimiento expreso de la propiedad municipal sobre el polémico templo fortaleza, excluyendo cualquier hipotético derecho -el de uso, por ejemplo- a favor de la Iglesia. Toca, en todo caso, que decidan los tribunales de justicia, de modo que al final se cumpla aquello de "a Dios lo que es de Dios y César lo que es del César". Si la sentencia es como yo me temo y llegado el día se reconoce la propiedad municipal, no pondría reparos a una cesión de uso del templo -siempre que ésta fuese en precario- a favor de la Iglesia Católica. Y a ver si en esta ocasión -ya que no con la casa de Doña María Escoto- este obispo de lo ajeno es capaz de mostrar verdadero arrepentimiento, dolor de los pecados y propósitos de enmienda. Como buen cristiano, le toca.