Así no se juega

. miércoles 14 de octubre de 2009
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Como nos temíamos, Ricardito Costa la armó. Se veía venir. Su planta y ademanes chulescos hacían preveer una reacción como la que protagonizó ayer martes que, al fin y al cabo, no fue más que una continuación de sus amagos durante el pasado puente festivo. Como buen valenciano, el tío se marcó un 9 d’Octubre por todo lo alto. Como Dios manda, vamos. Y vaya si la lió. Que se lo pregunten a don Mariano, que a estas horas –él sí, como buen gallego- debe andar a rastras y reculando por el Camino de Santiago. Y cagando leches entre paso y paso. Mira tú por dónde, por una vez que dice algo va el tío y la caga y se mete de mierda hasta la cintura. Pero, cómo puede ser este hombre tan asno. Él, que sabe muy bien que lo de callar y no decir ni pío es lo suyo, va y se le ocurre adelantar los movimientos que iban a dar Camps y su lugarteniente Ricardito. Pero, hombre de Dios, ¿a quién se le ocurre semejante temeridad? Don Vito andará riéndose a carcajada limpia. Ya se sabe: esta gente no perdona y te paga con una ración de ridículo tan enorme que bien haría el mandamás de los populares en hacer las maletas y marcharse de puntillas, haciendo mutis por el foro. Toca.

Y mientras, ¿qué? ¿Qué coño hacemos con este país tan sembrado de golfos y mentecatos? De momento, esperar y clamar al cielo para que no nos mande un rayo que nos parta en dos, uno por uno, a justos y pecadores. Yo, la verdad, espero ya cualquier cosa, mala, se entiende. Lo que está claro es que el Partido Popular anda a la deriva, con sus jefes a la greña, con pesadas sombras de sospecha tiznando las siluetas de sus principales figuras y, ahora mismo, sin un repuesto humano que echarse a la boca. Gallardón, tal vez. Parece el menos tocado entre los pesos pesados, pero por ahí anda todavía, vivita y coleando, Doña Esperanza, aunque a mí, personalmente, me parezca más pesadilla y menos esperanza. Menuda jeta, con la mitad de su pandilla tocada o hundida, según se mire. Ni ella, ni Rajoy, ni Camps ni Ricardito, deberían tener espacio en la vida política ni institucional. Ni ellos, ni muchos de los que les acompañan. Así no se juega.