Nos lo quieren robar. El llamado templo parroquial de san Bartolomé ha pasado en poco tiempo de ser motivo de restauración a convertirse en un objetivo de propiedad eclesiástica. A la Iglesia le interesa no solo decir misa, si no convertirse en propietaria del solar. Lo que en principio era un templo parroquial, el barro de los obispos lo ha convertido en un simple inmueble. Lo que era un monumento nacional “del que la Iglesia no quería saber nada” en materia de mantenimiento y restauración, dada su calidad de "usuaria-precarista", la entidad arzobispal pretende ahora transformarlo en un bien cuya posesión quieta y pacífica viene disfrutando desde tiempo inmemorial, como vino a suceder con la llamada “Casa Obispal”, hoy solar de una importante urbanización asentada sobre la propiedad de su antigua y auténtica dueña, doña Josefa Mas Escoto, cuya voluntad testamental fue manifiestamente violada por el interés de aquel obispo, ahora cardenal.
El pueblo de Xàbia está inquieto y preocupado. Me lo han confesado varias personas. Dicen que la escritura se firmó en agosto y que en el Ayuntamiento “nadie” sabe nada. Mentira. Lo saben todo. La firma y la inscripción registral no podían hacerse si alguien no hubiera comprometido la complicidad de la autoridad municipal. El Alcalde tenía que saberlo. Lo sabía. Como sabía y conoce dónde está la diferencia entre el valor de los terrenos del Asilo –Portal del Clot- y lo que se pagó, sin que todavía sepamos si se ha devuelto o no a sus legítimos dueños: los javienses. Son más de cincuenta millones de las antiguas pero nunca olvidadas pesetas. Como sabían lo de la propiedad de doña Josefa Mas Escoto, que como otras tantas cosas se entierran en este pueblo en nombre de una beatería enfermiza, casi delincuente. La Iglesia parroquial de San Bartolomé pertenece al pueblo de Xàbia, como monumento y como inmueble, de manera indiscutible. No vamos a consentir que se la llevan cuatro desaprensivos, no. Por más que se empeñe este cura cuco que vino predicando en nombre de dios y ahora, en lo que a bienes terrenales se refiere, más bien parece haberse aliado con el diablo. A mí, este don Vicente y aquel don Agustín jamás me engañaron. Desde el principio adiviné a quién servían. Veremos qué hace don Carlos Osorio, un asturiano recién llegado a estas latitudes. En menudo berenjenal lo han metido estos mercaderes de lo mundano, disfrazados desde largo tiempo con ropajes de lo divino. Veremos, si es que algún rayo del Sinaí no nos deja cegados para siempre. Que, a la vista de cómo están las cosas, no me extrañaría. Nada.













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