Belen Esteban

. jueves 17 de septiembre de 2009
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Belén Esteban me cae bien, fenomenal, diría yo. Su persona destila frescura y despide perfumes de sinceridad, aromas de gente honesta. Me encanta esta mujer maltratada desde lejos por las palabras de la Campa y Cía, por los elocuentes, cobardes y mezquinos silencios del padre de su hija y sus respectivos bufones. Del torero no digo nada, aunque ciertamente haya recibido desde la arena de la plaza más bragas de fogosas desmadradas que orejas de toro bravo. Además, de quien quiero decir algo, muy poco, es de Belén Esteban, a la que no sigo demasiado, pero de la que tomé interés a partir de un comunicado del “Defensor del Menor" de la Comunidad de Esperanza Aguirre –menos mal que aquí no llega-, en la que el personaje –Arturo Canalda, para más señas- emitía un comunicado en la que no dejaba en demasiado buen lugar a nuestra amiga Belén como madre.

A uno, que todavía no le ha sido dado conocer la carita de la hija de Belén Esteban y se conoce casi de memoria -simplemente por las esperas en peluquería- las caritas y modelitos de los hijos de docenas de famosos y famosas de “clase alta”, le sorprendió el comunicado del susodicho defensor por su arrebato contra la comunicadora televisiva. ¡Madre, qué cara de tío! Porque este Arturo Canalda no es nuevo en plaza, no. En realidad lleva años comiendo del bote, desde que empezase, allá por 1997, de la mano de Don Mariano, cuando el que sería después el ministro del chapapote fue nombrado Vicepresidente primero del Gobierno de Aznar y Ministro de la Presidencia. Viniendo, pues, el señor de donde viene, no es de extrañar que arremeta a las primeras de cambio contra los más débiles y se olvide de aquellos a los que por su origen político parece condenado a servir. En cualquier caso, me la trae sin cuidado el hombre. El tal Arturo, en verdad, no pasa de ser una carraca política de muy mal gusto y de poco buen ver. Pena. Belén, en cambio, es Belén, fresca y natural, luchadora y tenaz, humilde y orgullosa de sus raíces. Que viva.., y que la dejen vivir.