Chorizos y golpes de estado

. martes 11 de agosto de 2009
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Todos los golpes de estado de los que, en un primer recuento, guardo memoria, siempre han sido llevados a cabo por chorizos, desde el primero de ellos, el perpetrado entre don Rodrigo y los hermanos Vitiza contra la España visigoda, hasta los llevados a cabo por Enrique de Trastámara contra la Castilla de Pedro I, el General Francisco Franco contra la Segunda República Española y el General Armada, el único entre los citados que no pasó de mera y repugnante tentativa, contra la incipiente y acutal democracia. Los chorizos merodean siempre en torno al poder y practican todo tipo de engaños, vilezas y, si es necesario, recurren hasta el crimen. En el primer caso, el engaño y la traición trajeron consigo ocho siglos de dominación árabe. Enrique de Trastámara se valió de la traición y consiguió paralizar, entre él y sus más inmediatos sucesores, la tarea de la Reconquista durante más de un siglo. El General Franco trajo consigo, además de una escalofriante carrera de crímenes y opresión, retrasar la modernidad de España, en relación a los restantes países europeos, durante cuatro décadas de infame dictadura. El General Armada, en cambio y por fortuna, no consiguió ni siquiera ser el protagonista de su propio golpe, que protagonizaron el General Milán del Bosch en Valencia y el Teniente Coronel Tejero en Madrid sin resultados positivos de cara a sus propósitos. Los golpes de estado, digo, siempre han llegado de manos de apasionados chorizos, como los señalados, a los que podríamos añadir una larga lista de meritorios y capataces, de reyes, generales y obispos, de macarras y alcahuetas...

Me da a mí la impresión que estamos a las puertas de una nueva intentona de “golpe de timón”, que se prevé incruento, eso sí, pero no exento de choricería, como todos sus predecesores. La técnica del Partido Popular, ante la nutrida choricería que se enmascara entre sus filas, ensaya con descaro la estrategia del desgaste y la corrosión institucional previa a los cambios de gobierno “forzados”. España, a vista de pájaro, da la inequívoca imagen de una inmensa cloaca en la que, sobrando chorizos, faltan truhanes y maestros de la intriga y de la traición. Ahí van, pues: según el Partido Popular, el gobierno promueve la aniquilación política de la oposición a la que pretende encarcelar poniendo esa acción en manos de una justicia dócil, sumisa y pegada a una emergente etapa de recorte de libertades. La estrategia le daría derecho, como en el última república, a justificar medidas “extraordinarias” para salvar a España de los chorizos del gobierno. Pasa, que la justicia en España –que tiene bastante que purgar y redimir, dicho sea de paso- no está corrompida hasta el extremo que predican los populares. Y lo más curioso y evidente, de cualquier modo, es que ni la justicia ni el gobierno son culpables de la existencia de tantos chorizos -algunos supuestos y otros no tanto- en las filas del Partido Popular. Los populares habrán, pues, de poner la centrifugadora en marcha y remojar con agua y jabón su ropa interior, que es lo que realmente está, políticamente al menos, sucio y asqueroso. El golpe, lo dejamos para otro siglo. A lavarse. Amén.