Fogueres de Xàbia, el comienzo

. lunes 15 de junio de 2009
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Este fin de semana no contemplaba salidas de casa. Para la noche del sábado habíamos preparado una “sardinada” a la luz de la luna y a la brasa de carbón. Casi “na”. Todo un lujo, que al final fue algo menos. Las sardinas, pese a que estamos en mitad de junio y que el verano ya está ahí, no se hallan todavía en su punto. Pobres, andan como el planeta, hechas un lío con esto del cambio climático. De todas maneras, no tiramos ni una. Una sardina es una sardina, aún estando lejos de alcanzar su mejor forma. Unas gotas de limón, un chorrito de un buen aceite de oliva y una pizca de tomillo, salvia o alguna otra hierba aromática, hacen milagros. En cualquier caso, la noche estaba resultando extraordinaria. Por la tarde habíamos visto el pasacalle que antecede al “pregón”, el verdadero comienzo de las fiestas mayores de Jávea, “Fogueres”. Cada vez que veo a los jóvenes desfilar, llenando las calles de luz y color, de vida y nuevas ilusiones, se me pone la carne de gallina y el corazón aumenta la fuerza de sus latidos. Vienen noches ruidosas, de insomnio, de griteríos hasta la madrugada, de olor a pólvora, de música..., todo un ejercicio de tolerancia para los mayores, que debemos asumir que han llegado las fiestas, que es el momento de la juventud, que toca dar más de una vuelta en la cama sin poder dormir a causa de la alegría de los demás. Fogueres es todo eso. No es momento para gestos huraños ni semblantes taciturnos. Llegan días de besos y brazos, de andares garbosos, de estrechar manos y acercar corazones. Toca, pues, sin excusas ni pretextos, respetar la alegría de los más jóvenes. O mejor, unirse a ella.