Trillo, trilla que trilla

. jueves 21 de mayo de 2009
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A su salida del banquillo de los acusados el Presidente de la Generalitat, Francisco Camps, se erigió en el centro de un enorme espectáculo, con decenas de forofos aclamándole como a un general romano que viniese de las Galias después de protagonizar una gran victoria. Nadie diría que acababa de levantarse del banquillo de los acusados, inmerso en una repugnante trama de corrupción -liderada por Alvaro Pérez y Francisco Correa- que repartió millones de euros entre cargos públicos del Partido Popular, fondos que a su vez provenían de contratos con la propia administración pública. Casi al mismo tiempo, el general Vicente Navarro era condenado a tres años de prisión por su papelón en la identificación –es un decir- de las víctimas del Yak-42, quedando al margen de la sentencia y libre de toda culpa el entonces Ministro de Defensa, Federico Trillo, ahora portavoz de justicia del Partido Popular. Ni que decir tiene, que Mariano Rajoy se apresuró a manifestar su confianza en la inocencia de Francisco Camps y a ratificar a Trillo en su cargo. Revolaban, por el tormentoso, plomizo y revuelto cielo popular, noticias que apuntaban a la implicación en la trama corrupta de una fundación que preside Esperanza Aguirre, al tiempo que la Federación Española de Municipios Españoles anunciaba la apertura de investigaciones por una supuesta vinculación de la institución municipal con la trama corrupta en tiempos en que Rita Barberá era su presidenta. A Rajoy se le amontona el trabajo, y Trillo, mientras, trilla que trilla...

Ya he perdido la cuenta de cuántas personas o personajes populares andan metidos en harina en unas y otras cosas que, como poco, huelen que apestan. La justicia, en su momento, determinará quiénes son inocentes y quiénes culpables, como no podría ser de otra forma. Pero, mientras, corresponde a los políticos encarrilar la situación y limpiar el patio, o al menos vaporizar el ambiente con algún ambientador de efectos agradables e inmediatos. De lo contrario, el Partido Popular, revistiendo de impunidad tantas y tan evidentes irregularidades, continúa aumentando sus probabilidades de convertirse en un auténtico partido de chorizos. Ojo, pues.