Hace tiempo que no escribo nada en este blog, pero hoy me apetecía hacerlo para comentar las últimas declaraciones del director del diario deportivo Marca, Eduardo Inda, vertidas hace unos días en la conferencia que el mismo protagonizó en el Foro de la Nueva Comunicación. Como viene siendo habitual en las páginas de ese mismo diario, el Sr. Inda hizo gala de su ya conocida faceta de histrión aristocrático, esa misma que caracteriza a sus lacayos. Al simpático protagonista se le ocurrió la genial idea de defender "una vuelta a las esencias" en el periodismo deportivo, de forma que "prime la imparcialidad en el trabajo de sus profesionales y se erradique la actual moda del forofismo". El Sr. Inda declaró que uno de sus objetivos al frente de Marca es el de "acabar con esa triste costumbre que impuso hace unos años una televisión autonómica de cuyo nombre no quiero acordarme: la de convertir a los profesionales de este negocio en hinchas puros y duros, ajenos a cualquier objetividad, imparcialidad o independencia". Sonrisas. Aplausos. Y seguimos.Desde mi más humilde opinión, yo diría, juraría, que el Sr. Inda, a tenor de sus declaraciones, o nos está tomando por gilipollas o es que se ha fumao un porro, como se suele decir. ¿Será que él es un hombre convencido de aquello que se dice que los lectores de diarios deportivos disponen de escasa inteligencia y menor cultura, o será, tal vez, que el Sr. Inda estudió periodismo en Marruecos? No sé, pero me inclino más por lo primero, sin descartar la posibilidad de que este señor halla bajado al moro en alguna ocasión y puesto un pie en cada charco. Se me hace la boca grande, sí, y es que todo lo que viene de la capital me huele a podrido desde hace ya tiempo. El Sr. Inda podrá alardear de otras cosas, pero nunca de que su diario atesore objetividad, imparcialidad o independencia periodística, cuando es obvio que se trata de un periódico madridista hasta la médula, un forofo más, convencido de que el Real Madrid es el mejor club del mundo y que, en lo que al fútbol se refiere, nada tiene más interés ni tirón mediático que el pisito que el Sr. Cristiano Ronaldo tiene pensado comprar en las inmediaciones del Paseo de la Castellana.
Ejemplos de su vena forofa, haberlos haylos. No hace falta viajar muy atrás en el tiempo para comprobar que Marca lleva al Real Madrid en la sangre. Las elocuencias del Sr. Inda y las de su equipo, amén donde las haya, me recuerdan a las del Sr. Calderón (ex-presidente del club blanco) o a las del Sr. Boluda, su actual mandatario. Todos ellos parecen primos hermanos y formar parte de la misma estirpe. Se equivocaron unos y se siguen equivocando los otros: Marca no es un periodico objetivo y muchos menos imparcial; manipula la información y la pone al servicio de sus intereses. Creo que está bastante claro, para quienes conozcan este diario, que Marca es un boletín del Real Madrid, una ventana al mundo para el club blanco, merengue, merengón y merenguista, más incluso que el diario AS (que por lo menos no lo niega).
Como decía, en cuanto a los ejemplos de su vena forofa, baste recordar que Marca fue el único periódico nacional (deportivo o no) que no encabezó en su portada la noticia del pase a la final de la Champions League por parte del F.C. Barcelona: no lo hizo, no. Bueno, la noticia estar estaba, sí, todo hay que decirlo; en una esquinita y en pequeñito, porque por lo visto aquel día a Marca le pareció más importante que dos jueces llamaran a filas al impresentable del Sr. Calderón que la presencia de un club español en la final de la mayor y más importante competición futbolítica del mundo.
Digamos que la receta de referencia, basada en la objetividad, imparcialidad e independencia es excelente y que por esa razón le corresponde al propio Sr. Inda probarla y experimentarla en sus propias carnes y en sus mismos papeles. Otros ya lo han hecho con anterioridad y puedo asegurar que todavía siguen vivitos y coleando. Hablar con respeto de fútbol, sin distinción de colores ni camisetas, aunque se trate de equipos de provincias, no mata a nadie, ni provoca sarpullidos en los más fervorosos capitalinos. A practicar. Pasa nada.












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