Se la bebió enterita, de cuatro tragos, y la añadió a su impresionante colección de trofeos. El Athletic la cató –marcó el primer gol- para su mayor amargura y frustración, pero el placer le duró escasos minutos, hasta que el equipo azulgrana ajustó su maquinaria y Touré Yayá perforó la meta defendida por un Iraizoz poco atento y concentrado en ese instante. Después, el Barça fue el gran equipo que arrolló a un Athletic incapaz de contrarrestar el vendaval de juego que fluía de las botas barcelonesas. Se cumplieron las expectativas y los pronósticos. La Copa fue para el Barça, que se impuso a su rival con todas las de la ley, de manera inapelable y contundente. Los diamantes y las esmeraldas de la cantera azulgrana se impusieron al granito, a la piedra y a los cantos athléticos. De todos modos, la final fue un hermoso espectáculo, con las gradas de Mestalla a rebosar y las aficiones vasca y catalana entregadas desde el principio hasta el final. La deportividad, por si fuera poco, estuvo presente desde antes y aún después de concluir el encuentro. Perfecto...Este Barça, que anoche consiguió su primer título en esta espectacular campaña, me recordó aquel Barça de Kubala, de Basora, Ramallets, Olivella, Gensana, Rodri, Manchón, Moreno, César, Kocsis, Evaristo, Vergés, Gonzalo III, Villaverde, Eulogio Martínez, etc., que hizo de los cincuenta su década prodigiosa. Esta puede ser una temporada hermanada en el tiempo con aquella de 1952-53, en que el equipo azulgrana ganó las cinco copas (Liga, Copa, Copa Latina, Eva Duarte y Martini Rossi), se le hizo pequeño el campo de Les Corts y tuvo que promover la construcción del Camp Nou. Digo que éste puede ser el año del triplete (Liga, Copa y Liga de Campeones). Este Barça, como aquél, puede tocar el cielo.












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