En la sede del Athletic ha caído como un jarro de agua fría la noticia de que el club bilbaíno deberá afrontar dos eliminatorias para ser decididamente europeo. A la UEFA no le ha pasado por alto la campaña del Athletic, a un corner –a medio gol- de la segunda división, probablemente, y como mucho, a menos de tres puntos del antepenúltimo clasificado. Me parece muy bien la decisión adoptada, en aras de una competición que no debe perder prestigio ni calidad. Un equipo que no acaba en su liga dentro de los diez primeros en ningún caso debería participar en una competición europea, más aún si ni siquiera ha ganado el trofeo copero que suple aquella clasificación. Digo esto como entrada a un somero análisis de lo que ha sido la campaña del equipo de mi infancia, al que siempre he admirado y sigo admirando por su política deportiva, pegada a la cantera, a la tierra y a lo propio. El equipo bilbaíno, con el Valencia –el equipo de mi tierra- y el Barça –el futbol de mis sueños- forman el trío futbolero de mi alma. Pero futbol es futbol, y el Athletic, en esta liga que está a punto de concluir, ha sido el equipo que peor juego ha mostrado entre todos los participantes en el campeonato y Joaquín Caparrós el entrenador que peor –a mucha, muchísima distancia- ha gestionado su plantilla de jugadores...Si el Athletic no ha bajado a segunda división, lo más seguro es que tal circunstancia deba atribuirse a la intercesión de la Virgen de Begoña, a su incomparable masa de aficionados, a un balance de errores arbitrales favorable y, por supuesto, al corazón y músculo que han puesto los jugadores utilizados. Pero la clasificación no miente, o miente muy poco. Digamos, que el lugar que ocupe el tercer equipo por la cola también podría ser ocupado por el Athletic, de no ser por aquel poste, aquel penalty, aquella parada casi milagrosa, etc. Digamos, del mismo modo, que la plantilla ha quedado para el arrastre y que a sus componentes ya no les queda aire en los pulmones ni oxígeno en la sangre. Pero no todos los jugadores han quedado desgastados por lo desmesurado de su esfuerzo; algunos, por todo lo contrario, por no jugar, por anquilosamiento y por el despropósito de unas valoraciones técnicas que no han hecho más que provocar desconcierto y dejar el nivel de autoestima de algunos jugadores bajo mínimos. Del Olmo, Iñigo Vélez y Muñoz – ¿quién coño los fichó y para qué?- han debido quedar deshechos por ese motivo y otros –dios quiera que no- como Isma López o Iturraspe tal vez hayan perdido el tren del estrellato en primera división a causa de una manipulación deportiva infame por parte de su técnico y entrenador. En definitiva, no se ha ganado nada y es más que probable que se haya perdido una oportunidad única de hacer un equipo de “primera” y verdaderamente europeo. El Athletic deberá aplicarse si no quiere seguir el camino de su hermanos alaveses y guipuzcoanos. Mírese dónde y en qué infierno deportivo andan sumidos Real Sociedad, Eibar y Alavés. A enmendarse.












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