Camps y la moral popular

. sábado 16 de mayo de 2009
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El Partido Popular sigue, al menos desde sus laringes oficiales, defendiendo la honorabilidad del presidente Camps. Siguen aferrados a ese principio que nadie respeta cuando recae en favor de lo ajeno, pero que viene muy bien en defensa de lo propio: la presunción de inocencia. Yo también creo en la presunción de inocencia y no se me ocurriría acusar al presidente de los valencianos de la comisión de algún delito. Eso es una cosa y otra muy distinta es la situación y las circunstancias en que se encuentra y se mueve Francisco Camps. Su amistad y sus relaciones con la trama corrupta son evidentes. Ahí están las grabaciones. Álvaro Pérez, el paladín de Francisco Correa en la Comunidad Valenciana, y el Presidente Camps mantienen unas relaciones de amistad tan intensas y sentidas que, a juzgar por la jerga empleada en sus conversaciones, parecen más propias de amantes que de amigos. Y lo grave, lo verdaderamente grave, es que la administración que preside Camps ha puesto enormes cantidades de dinero de los contribuyentes valencianos en manos de toda esa trama corrupta. Lo grave son las relaciones del propio presidente con uno de los cabecillas de esa trama. Como grave sigue siendo la actitud altanera del presidente Camps ante la gravedad de los hechos que se le imputan y la manipulación que ha hecho de los medios audiovisuales financiados con dinero público para ocultar la verdad a los valencianos. Eso es lo verdaderamente grave, sin que ello disimule la gravedad por la evidencia de haber recibido regalos de parte de la misma trama corrupta...

Leía hoy en El País los casos de corrupción de varios diputados ingleses puestos en conocimiento del público por la prensa británica. Ya han habido dimisiones, gente que ha devuelto el dinero y, lo más importante: en todo este asunto, los ingleses se aplican un código ético, con independencia de cómo actúen los tribunales de justicia - Scotland Yard anunció ayer que ha abierto conversaciones con la fiscalía de la corona para dilucidar si se ha de abrir o no una investigación criminal por el escándalo de los gastos parlamentarios-. Y algo no menos importante: el pueblo inglés, libre y soberano –como en teoría es también el nuestro- ha decidido aplicar un correctivo a los principales partidos políticos, reduciéndoles su apoyo electoral en un 28% a los conservadores y un 19% a los laboristas. En Madrid y Valencia todavía se aclama y aplaude a los amigos de los corruptos. Justo esa actitud es la que abona y fertiliza el campo en el que nacen y crecen las tramas corruptas. La corrupción no es solo un problema en manos de los jueces. La verdadera sanción y condena está en manos de los ciudadanos y sólo en ellas. No estamos quedando, pues, los valencianos, como tampoco los madrileños, a un gran nivel, que digamos. El código Camps y la ética del Partido Popular, tampoco remontan vuelo. Más bien parecen moverse a ras del suelo, entre el fango y el detritus. Es lo que hay.