Esta noche juegan la final de la Copa del Rey Athletic y Barça. Casi na. Los equipos más laureados de la competición, con más títulos (24 y 23 respectivamente), con más capacidad de convocatoria. Esta noche, Mestalla será una fiesta, esperemos que exclusivamente deportiva, sin más percances que los justos, sin más incidencias que la alegría de unos –los que resulten campeones- y la tristeza y pesadumbre de otros. Inevitable, pero parte integrante, inseparable, del mundo del futbol. Risas y lágrimas a partes iguales, con camisetas y acentos distintos. Mestalla se viste de fiesta, hemos dicho, pero la Copa se cubre con su mejor y más distinguido ropaje. El Athletic, por si sólo, con su presencia ya le da color y etiqueta a la competición copera –sin el Athletic la copa parece menos copa-. Si además el Barça forma parte del cartel, genial. Mejor, imposible. El Barça es el rey de la competición. El Athletic, su más ferviente y apasionado amante. Esta noche, ambos se la juegan...A mí, que me confieso un enamorado del fútbol azulgrana, de sus trenzadas y rápidas combinaciones con el balón, de la solidaridad entre sus jugadores, de su técnica, de su estrategia sobre el campo, de su capacidad de esfuerzo, de su imaginación con la pelota en los pies, de sus movimientos sin balón, de la inconmensurable calidad de todos y cada uno de los componentes de su plantilla, me atrae también el Athletic. El sentimiento por el club bilbaíno prendió en mí en los primeros años de mi infancia. Yo no sé cómo pudo atraerme tanto, de manera tan continuada en el tiempo, tan irresistible, aquel proyecto deportivo basado en su cantera, aquel amor sin limitaciones por lo propio, aquel incansable cultivo de su personalidad deportiva, el tesón de sus jugadores, su capacidad de esfuerzo y sacrificio, su amor por la camiseta de casa, el apoyo incuestionable de su afición, sin desfallecimiento, a todo riesgo y en todo momento y circunstancia, en la salud y en la enfermedad, en la victoria y la derrota. Sea como fuere, todo este inmenso capital deportivo me ganó para la causa atlética. Ambos, Athletic y Barça, están hechos básicamente con valores de su cantera futbolística. Cierto que uno de los equipos, más poderoso y rico, dispone de una cantera de brillantes, de diamantes y esmeraldas, mientras que el otro, más discreto y pobre, de granito, de piedra y canto, pero ambos con sabor a tierra propia, con acento a pueblo diferenciado. Yo asistiré al encuentro de esta noche, pues, "con el corazón partío", con un aplauso para cada jugada, una lágrima en cada ojo y una sonrisa a medio repartir. Pero al final, gane quien gane, me sentiré el hombre más feliz de la tierra. Toca serlo.












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