Sí, señor, de lo más justo que he visto en los últimos años. Leía la noticia en El País hace unos minutos, y al filo de la lectura escuchaba -veía- por la tele el caso del policía de Benidorm. Jo, a uno le resulta difícil evitar comparaciones y se le hace cuesta arriba, por no decir imposible, entender estas cosas de la justicia. Sé que en el caso del policía de Benidorm, su acción fue juzgada por un Jurado Popular -y van...-, pero ello no disipa mi preocupación por los últimos avatares relacionados con la noble tarea de impartir justicia. El caso de María del Saliente Alonso me revolvía las tripas al más ligero pensamiento relacionado con su caso. Y me permitirán que anticipe con claridad mi total y rotunda oposición a que se justifique en lo más mínimo aquello de que ”la letra con sangre entra”. No soporto el menor de los maltratos a los niños, en casa o fuera de ella, por sus padres, educadores, autoridades y terceras personas. Nada de eso. Pero el caso de María del Saliente Alonso, culpable de un cachete a su hijo, condenada a la pena de cárcel y a otra de alejamiento de su hijo –que uno no acertaría a saber, a ciencia cierta, a quién se condena, si a la madre, al hijo o a los dos- me resultaba indigerible. Medio mundo actuó como esa madre en algún momento y, por ello, medio mundo, de todas las clases sociales, de todas las razas, de todas las nacionalidades y de todos los credos, debería estar en la cárcel. No me entra. El Consejo de Ministros ha decretado el indulto de la atribulada madre y ha hecho justicia. El gobierno ha hecho lo que debía y en un tiempo record. Su acción me permite seguir creyendo en la justicia. Lo que son las cosas.












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