La desproporcionada reacción de los poderes eclesiásticos en contra de la modificación de la Ley del Aborto ha despertado dentro de la Iglesia tensiones que permanecían aletargadas y que hoy aparecen en la escena de la noticia con sorpresiva firmeza. Grupos de religiosos, teólogos y ciudadanos han levantado la voz por medio de dos manifiestos, suscritos por personalidades comprometidas con la Iglesia, religiosos y teólogos. No se trata de voces que vienen desde el exterior, desde la hostilidad, sino desde su propio seno y desde una profunda discrepancia. “A propósito del aborto” y “ante la crisis eclesial” son los nombres de estos dos alegatos hechos públicos por el momento, en los que aparecen firmas tan reveladoras como las de Julio Lois y Juan José Tamayo, Presidente y Secretario General de la Asociación de Teólogos Juan XXIII; los jesuitas Juan Antonio Estrada, Juan Masiá, José Ignacio González Faus y Xavier Alegre; el dominico Quintín García y el benedictino Hilari Raguer; el franciscano José Arregui y los claretianos Evaristo Villar y Benjamín Forcano, entre otros, además de otras personalidades de enorme prestigio individual...
“La incapacidad de escuchar de la institución católica hace que se comentan ridículos mayores que los del caso Galileo”, o que la crisis de la Iglesia tiene por causa principal la “infidelidad al Vaticano II y el miedo a las reformas que exigía”, son razones que se argumentan desde los referidos manifiestos, desde los que también se recuerda la intransigencia de las altas esferas eclesiásticas con la libertad evangélica. Pero en uno de los manifiestos se maneja una frase de San Francisco de Padua, dirigida a la jerarquía católica de su época, que me ha llamado poderosamente la atención: "mientras Cristo dejó dicho apacienta mis ovejas, vosotros os dedicáis a ordeñarlas y a trasquilarlas". Justo estas palabras del santo me vienen a la cabeza cuando veo las recomendaciones de la publicidad cristiana pidiendo la equis en la declaración de la renta o el fervor de los predicadores recordando la contribución en la recolecta del día. En fin, que también en el seno de la Iglesia cuecen habas y fermentan los descontentos, algo que en realidad viene sucediendo desde sus comienzos en el contexto de un duro pugilato por liderar el patrimonio de las ideas dejadas por su fundador, ya que, como resulta evidente, poco interés suscita imitar su comportamiento, basado en la humildad, el amor y la comprensión. Sin duda, aquello de déjalo todo y sígueme, toca las narices.












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