El magnolio municipal de Xàbia

. viernes 10 de abril de 2009
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Piramidal, soberbio, ostentoso y caro. De lujo. Esos son los adjetivos que rodean la erguida figura del magnolio que preside la plaza del Portal del Clot. Su precio son 18.000 euros, tres millones de las antiguas pesetas. Sustituye a su antecesor, otro magnolio que murió reseco y agonizante, de sed. Pero yo, al que recuerdo muy bien, es aquel otro árbol de antaño, pobre, humilde, anónimo, crecido entre meadas de perros y gatos y algún escape de aquellos bidones de agua que aliviaron los días de agua salobre, aquellos que la desalinizadora se llevó, por fortuna, a los grises recintos del olvido. Sí, recuerdo aquel solar abandonado propiedad del “Asilo”, el momento de su expropiación, la fianza depositada –no recuerdo que el cura devolviese los más de trescientos mil euros que sobraron después de cobrar el valor de los terrenos- y la colocación de la primera piedra de lo que iba a ser la plaza que hoy podemos ver y pisar. Me agrada volver a ver el horizonte de agua y cielo que se extiende allá a lo lejos, como el mejor y más elocuente mensaje de bienvenida para aquellos que atraviesan el Casco Histórico sobre el viejo asiento de las desaparecidas murallas. Y vuelvo a recordar otra vez la sombra fresca de aquel árbol viejo y humilde, en contraste con éste de ahora, portentoso y elegante, rico, enhiesto, lujoso, casi imperial. Siento que a la plaza le falta alguna pieza que recuerde su origen humilde, algo así como una piedra grande y pobre, o un árbol, como aquel, acostumbrado a suelos de tierra escasa, ávido de agua, pero acostumbrado a pasar sin ella. Un pino, tal vez. Qué sé yo. Lo cierto es que ahora, al ver este magnolio tan encaramado hacia el cielo, tan orgulloso y omnipotente, no puedo evitar una exclamación. ¡Jo, qué pasada! Porque pasarse, lo que se dice pasarse, se han pasado. A ver si este magnolio, al menos, no se nos muere de sed y falta de cuidados.