El cerebro de Einstein y la pandereta

. jueves 23 de abril de 2009
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"A qui no te faena, deu li’n dóna", dicen en mi tierra. Algunos científicos, pues eso mismo. Consumen su precioso tiempo investigando cómo eran sus colegas y de qué manera llegaron a lo que ellos nunca llegarán. Verdad que el cerebro de Albert Einstein tradicionalmente ha venido levantando curiosidades y que se han creado falsos mitos en torno a su tamaño y virtudes. Pues, bien, Dean Faalk ha dirigido una investigación en torno al cerebro de Einstein y ha publicado el resultado de sus trabajos en la acreditada revista “Sciencie”. Como se sabe, tras el fallecimiento del más genial de los físicos y matemáticos de todos los tiempos, su cerebro fue donado a la ciencia. Thomas Harvey, del hospital Princeton (Nueva Jersey, EEUU), fue el patólogo encargado de conservarlo y, junto con otros expertos, lo fotografió y lo dividió en distintas porciones para analizarlas bajo el microscopio. El nuevo estudio dirigido por el mencionado Dean Faalk revela algunos detalles hasta ahora desconocidos, al menos para la mayoría de los mortales...

De todos modos, los científicos de ahora, los físicos y matemáticos de este siglo, impresionados por las conclusiones del Sr. Faalk, no tienen por qué renunciar a la fama y a la genialidad basándose en el tamaño y formas de su masa cerebral. El cerebro de Einstein, en contra de lo creído por muchos, no tenía un tamaño excepcional. Pesaba 1,23 kg, un peso superado por otros mortales que probablemente no consigan la notoriedad del genio alemán. Cierto que existen en el cerebro más famoso entre los conocidos algunos detalles poco comunes, como que los lóbulos parietales -implicados en el conocimiento matemático, visual y espacial- eran un 15% mayores de lo normal. Pero si esas características las tiene un estudiante de matemáticas, tenga por sabido que eso no le llevará a descubrir, necesariamente, una nueva, asombrosa y espectacular teoría que remueva los cimientos del saber humano. No, eso no funciona de ese modo. El trabajo, el esfuerzo en el estudio, la constancia, la atención, la disciplina, la curiosidad, la generosidad y la fe son los motores que mueven y renuevan los mares del conocimiento. En todo esto, sin embargo, hay un detalle que ha llamado mi atención: cuando a Einstein se le atascaba un problema de física –dicen- tocaba el violín hasta dar con la solución. Ya sé al menos por que suspendía yo física. No pasé de tocar la pandereta. Pues, para que vean, tampoco es eso.