Corrupción y crisis

. lunes 27 de abril de 2009
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Se habla mucho de la crisis económica, de sus consecuencias y de sus posibles soluciones, pero muy poco de su origen. O nada. Y la crisis económica tiene origen y raíces, que mientras no se estudien y entiendan pocas soluciones efectivas podrán ponerse en práctica. Ya dijimos desde Alfil Rojo que la crisis está profundamente emparentada con un deterioro del sistema que tiene que ver con un estado generalizado de corrupción de sus gestores, tanto públicos como privados. No exageramos. Que en el sector público existe un estado de corrupción generalizado es algo que está en el ánimo de los ciudadanos, acostumbrados a presenciar estas prácticas como algo familiar y cotidiano. Es normal, dicen, convencidos de lo común de la situación. Es más, la honradez en más de una ocasión ha dado paso a comentarios jocosos y burlones, como si estupidez y honestidad fueran términos sinónimos y vinieran a significar lo mismo. La supuesta trama corrupta detectada en el entorno del Partido Popular es un ejemplo muy claro de lo que estamos diciendo. Todos son excusas, como si careciese de importancia que el principal partido de la oposición y clara alternativa de gobierno pudiese ser una pandilla de delincuentes que se dedicase a la caza de fortuna de forma ilícita bajo la tapadera de la función política...

No es una causalidad que la mayor parte de los miembros de las cortes españolas sean economistas y abogados que ejercen libremente sus profesiones con ventaja en la competencia sobre sus colegas, cobrando, además, por ejercer la función parlamentaria. Ni suena a casualidad que Álvaro Pérez cree su empresa al tiempo que Camps gana las elecciones en la Comunidad Valenciana o Francisco Correa a la vez que Esperanza Aguirre ocupe la presidencia de la Comunidad Autónoma de Madrid. Ya ven, Mariano Rajoy se limita a encogerse de hombros. Pasa nada, dice. Ni es un acto de importancia irrelevante que los vecinos de determinados municipios aplaudan a sus ediles cuando son acusados formalmente de corrupción. La corrupción es la semilla maldita de la crisis, la raíz y las hojas de la catástrofe que llegará más tarde. El pan de ayer es el hambre de hoy.

Pero, ¿y en el sector privado? ¿Qué pasa? El sector privado está en peor estado que el público. Muchas empresas fueron creadas con ánimo de saqueo, con esperanzas de florecer en las sombras del trato privilegiado, de crecer al cultivo del tráfico de influencias. Las dobles contabilidades, la revalorización de activos en sustitución de los verdaderos beneficios y la evasión de dividendos invisibles a paraísos fiscales han convertido a muchas mercantiles en verdaderos momias empresariales y han llenado de pobres y parados, de hambre y miseria, los pueblos de España. Durante decenios, hemos sido víctimas de un atraco generalizado a la verdadera economía y los beneficios -¿dónde?- parecen haberse evaporado. España llegó a convertirse en el primer editor de billetes de quinientos euros, pero ahora están como desparecidos: ¿dónde? Estamos inmersos en un estado de verdadero drama.

No, no se han creado verdaderas empresas en estos últimos años. Esa España de Aznar, de la que tanto presume el ex presidente popular, se dedicó a crear asociaciones mercantilistas para desvalijar al pueblo español a través del rápido y desproporcionado enriquecimiento de sus gestores. Lo hicieron a la luz del día, sin pudor y sin vergüenza, tienen nombres y apellidos y, si algún día los españoles conocen la verdad, de no hacerse justicia a tiempo, de no reparar debidamente los daños causados, se impondrá el linchamiento inevitable. Sería el postrer suspiro, la última agonía de un enfermo que espera de manera irremediable convertirse en cadáver. Después, veremos qué pasa. El mal ya estaría hecho.