Era "La Noche de los Teatros" y Esperanza Aquirre no podía dejar pasar la ocasión. Hala, se dijo, para allá que vamos. Así que la dama montó en su coche y se bajó, rodeada por su comitiva de guardaespaldas y acompañantes, en la mismísima calle de Fuencarral. A repartir besos y sonrisas. A escuchar improperios e insultos, gritos de fuera, fuera, a afrontar miradas afiladas y rostros indignados. A torear, que para chulas yo, se diría ella por dentro. Y allá que se plantó la tía –perdón, la dama-, desafiante y provocadora ella. Actores y público la abuchearon y finalmente Presidenta y escolta tuvieron que apretar el paso en clara retirada. Antes de entrar en el coche, aún tuvo "Doña" arrestos para un último desplante. ¿Qué quieres?, le dijo, con su especial e intransferible gesto de chulería, al primero que se le puso enfrente. Acto seguido se ocultó en su coche oficial y dio la espantada. Las chulerías de Doña Esperanza en el teatro habían terminado. La noche recobró la tranquilidad. Veremos cuando le llega su hora al día.













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