Lo vi por la “tele”. Me sorprendió la poca vergüenza del general Vicente Navarro, su rostro desafiante al subirse al coche, su sonrisa burlona, de bellaco impune. Una mujer le reprochaba con ironía su actuación ante el tribunal. "Que bien preparado se lo tenía, general", le espetó mientras el militar la miraba con gesto burlón. El resto, absolutamente irrelevante. Si acaso, a destacar una frase del Presidente del Tribunal, el juez Javier Gómez Bermúdez: “saber la verdad es algo ajeno al proceso penal”. Jo. Yo que me creía que eso de la justicia tenía algo que ver con la verdad. Menuda jarra de agua fría. Ahora viene el juez y dice que la verdad es para otra cosa. ¿Para qué, pues, Señoría? Para arreglarlo, el general asegura que ellos, los generales, no son infalibles. “Había mucho trasvase”, se le escuchó a Navarro que decía por la tele. Toma. Miren, yo no aguanto a estos tipos que pretenden hacer comulgar a la sociedad con ruedas de molino, no los soporto, me dan náuseas y ganas de vomitar. Ni las palabras del juez, ni las de ese militar del que todavía no entiendo su graduación. ¿Cómo llegó este hombre tan alto en el escalafón? Para mí, que ni para cabo. Qué poca vergüenza. Hoy habrá más de un militar que tendrá que maquillarse para que no se le asome el rubor a las mejillas. Yo, sin ser militar, lo siento sobre mi piel. La vergüenza ajena también tiñe.












0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada