El próximo gobierno israelí estará formado por el Likud, de Benjamín Netanyahu, y el Ysrael Beitenu, del ultraderechista Avigdor Lieberman, a los que habrá que sumar alguno de los partidos minoritarios más conservadores, como, tal vez, Shas, Lista Unificada de la Torá o Unión Nacional. El Kadima se queda fuera, pese a ser el partido más votado en las pasadas elecciones del 10 de febrero. El nuevo gobierno no reúne, pues, el mejor perfil de cara a unas buenas relaciones con el gabinete de Barack Obama, con el que deberá revisar más de una de sus actuaciones. La paz que intenta promover Estados Unidos, que pasa por la creación de un estado palestino, no contará con un apoyo fácil por parte de los israelitas, cuyo ministro de Exteriores, el propio Lieberman, pasa por ser uno de los más firmes opositores a tal proyecto. El proyecto de paz de Obama para Oriente Próximo ya ha visto su primer nubarrón, que puede convertirse en tormenta en los meses venideros. La líder de Kadima, la moderada Tzipi Livni, queda en una cómoda posición, aunque fuera del gobierno, al menos por el momento. Va a ver los toros desde la barrera, esperando el momento de, desde ahí, cortar alguna oreja. Algo complicado a primera vista, pero nada desechable en el futuro, en un futuro no muy lejano.













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