Crece la polémica en torno a la campaña publicitaria de la iglesia contra el gobierno socialista por su proyecto de reforma de la ley del aborto. Desde Alfil Rojo expusimos nuestro punto de vista desde perspectivas basadas exclusivamente en razones de elegancia, nobleza, educación y buen gusto, todas ellas muy mundanas y enraizadas en el comportamiento humano. Hoy lo vamos a intentar desde orientaciones religiosas y morales. Nos inquieta una campaña que no defiende nada, que solo intenta enturbiar la pacífica convivencia en el seno de la sociedad española. Una sociedad alterada, nerviosa y, si es posible, indignada, conviene y sirve mejor a los intereses de la Iglesia Católica. Presentar el aborto –que ciertamente no es lo que se va a dirimir en el congreso de los Diputados- como un acto criminal constituye un engaño social y un ataque contra la libertad, especialmente la de las mujeres. Con Franco los fetos se arrojaban a los cubos de basura de los hospitales y no se levantaba acta de defunción. Silencio. El destino de los fetos no ha interesado jamás al poder civil ni a la iglesia. Jamás se ha rezado una oración por un feto, ni se ha puesto una cruz sobre los restos de un aborto indeseado, ni existe una oración para el dolor de las madres que han perdido de manera involuntaria el proyecto de vida que llevaban en su interior. Yo nunca he visto un cementerio cristiano de fetos, ni una cruz sobre una de sus tumbas, ni una tumba siquiera...
El cinismo de la iglesia y su hipocresía en este asunto entra de pleno en la inmoralidad cristiana y solamente puede calificarse como de intento para romper la paz social. Su interés por la vida, se limita a la de sus líderes y a sus propias comodidades humanas. La Iglesia, con esa campaña absurda y alocada no intenta otra cosa más allá de conservar sus privilegios históricos y su insaciable sed de poder y riqueza. Los objetivos más abyectos y contradictorios con las enseñanzas de Jesucristo, en cuya vida y palabras debieran basarse sus principios religiosos, dogmáticos y morales. Sino, recuérdense algunas de sus palabras: “Si quieres ser perfecto ve, vende cuanto posees y dáselo a los pobres... En verdad os digo, más fácilmente pasará un camello por el ojo de una aguja, que entrará un rico en el reino de los cielos”. Dios, cuántos camellos disfrazados de cardenal.













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