Siguen sucediéndose las noticias en torno a la trama de corrupción que destapó el juez Garzón, y, a pesar de los intentos de escurrir el bulto, al Partido Popular se le complica la situación. Lo de enterrar la cabeza en el suelo y aislarse de la realidad no es una buena idea. Lo de descalificar al juez Garzón tendría algún sentido si se hablase de la inocencia de los implicados, de que no hay pruebas contra los personajes investigados, de que existe una conspiración clara y manifiesta contra el Partido Popular. Pero, no. Al PP le basta con echar barro y decir que el juez Garzón es socialista. Para mi que no, que nunca lo fue. Es cierto que formó parte de una candidatura con Felipe González, pero eso fue un estornudo. Al poco tiempo cogía las de Villadiego y volvía a su despecho para arremeter contra Barrionuevo, entre otros. No tengo registrada ninguna queja del Partido Popular por aquellas actuaciones del juez Garzón. Ninguna. Por tanto, lo que valió entonces, lo que se aplaudió con anterioridad por los populares, bien puede valer ahora...
Por cierto, volviendo a todo este entramado, que cada vez parece más claro, me viene a la cabeza lo de la dimisión del ex ministro Bermejo por aquella coincidencia con Garzón. Desde entonces el presidente de la Comunidad Valenciana, Francisco Camps, ya ha tenido dos con De Rosa Torner, una en la propia casa del vicepresidente del Consejo del Poder Judicial y la otra en el Palau de la Generalitat. Tampoco escuché, ante el evidente compadreo de ambos, la voz de Rajoy pidiendo el cese de uno y la dimisión del otro. Leo también, que Camps llamó hasta ocho veces a su sastre mientras éste declaraba ante la policía. Igual le llamó por nada, porque el traje le estaba excesivamente ajustado y le dejaban sin aire sus partes íntimas, por ejemplo. Con tantos aprietos, nunca se sabe.













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