Entre Rajoy y Hollywood

. martes 24 de febrero de 2009
  • Agregar a Technorati
  • Agregar a Del.icio.us
  • Agregar a DiggIt!
  • Agregar a Yahoo!
  • Agregar a Google
  • Agregar a Meneame
  • Agregar a Furl
  • Agregar a Reddit
  • Agregar a Magnolia
  • Agregar a Blinklist
  • Agregar a Blogmarks

Jacobo Piñeiro ha sido absuelto de la muerte a dos homosexuales, a los que propinó 57 puñaladas. Un jurado popular lo declaró inocente y hasta algunos de sus miembros lloraron mientras el propio acusado se confesaba autor de los hechos que se le imputaban. "Nadie es culpable. Es culpa de como soy", dijo y el jurado se lo creyó. Lo que faltaba. La justicia en este país está tocando fondo. Entre el juez Tirado, la huelga de los jueces, la cacería de Garzón y Bermejo y las declaraciones del vicepresidente del Consejo del Poder Judicial la cosa está que arde. A mí no me pregunten, que yo no sé por dónde entrarle, pero algo habrá de hacerse con este laberinto de desatinos si se quiere seguir creyendo en la justicia...

En política, pocas noticias con buena pinta. Rajoy se hace el sueco y a la pregunta de si habrá dimisiones en su partido, el presidente de los populares esboza esa sonrisa bobalicona a la que nos tiene acostumbrados, se encoge de hombros, eleva la mirada al cielo y dice que ya veremos. Depende de quién sea y de qué se le acuse. Mientras, doña Esperanza se pavonea, espartana y amazona ella, y señala con el índice a unos y a otros, sobre todo a otros. Jo, para mí que acabará sacándose un ojo. Que sea pronto, así tendremos pareja: una tuerta, ella y un ciego, él, don Mariano.

Pero como no todo puede ser malo en esta vida, aunque sea en política, ahí está el ejemplo de Miguel Sebastián, que hoy ha merecido los piropos de EL Mundo, que no son poca cosa viniendo de donde vienen. Habla el diario conservador del "Código Sebastián", del sistema de austeridad impuesto por, sin duda, el mejor de los ministros de Zapatero –al presidente le van los gobiernos grises y opacos, en blanco y negro y piel de adoquín-, uno de los pocos que levanta la voz con criterio cuando el resto de sus compañeros esconden la cabeza bajo el ala y se aprieta el cinturón como cualquier ciudadano de los que sufrimos el vendaval de la crisis. Estoy dispuesto a rezar en latín para que al ministro de industria no lo enclaustre el presidente en alguna fundación de ésas de cuyo nombre no quiero acordarme, como le sucedió a Jesús Caldera, otro de los hombres que me gustaría ver en primera línea de trabajo. Mal lo tienen uno y otro con Zapatero. Ambos, Miguel y Jesús, tienen color.

¡Ay dios, que panorama tan oscuro éste! Menos mal que nuestra Penélope arrasa en Hollywood, se trae su Óscar para España, y con su carita de ángel nos devuelve la sonrisa al rostro y el alivio al corazón. Bendita cara a la que no se le ve la cruz, y eso que la lleva pegada al nombre. Cómo será...