La jueza de Denia, Laura Alabau, será trasladada a una sala de lo Contencioso de Castellón y abandonará la sala número 3 de Primera Instancia e Instrucción de Denia, en dónde venía ejerciendo como jueza y desde la que obstaculizó la celebración de matrimonios entre homosexuales, o bien se negó a dar validez a matrimonios ya concertados al impedir su inscripción en el Registro Civil. Con esta medida, el Consejo General del Poder Judicial cierra un feo asunto en el que éste mismo órgano, con su anterior composición, ya impidió que la jueza fuese sancionada por estimar que sus argumentos se inscribían dentro de un contexto de ejercicio del derecho a la libertad de expresión, por lo que solo cabía la imposición de una multa de 305 euros. La jueza Alabau se había negado a inscribir el matrimonio celebrado por dos hombres británicos, decisión que al ser revocada por la Dirección General de Registros y Notariado, dependiente del Ministerio de Justicia, provocó que la jueza remitiera un escrito al Fiscal Jefe del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana, al que acusaba de “convertirse vergonzosamente en un apéndice del gobierno, al perseguir a quienes impartimos justicia no al gusto de quien controla las restantes dependencias del Estado”.
Yo, qué quieren que les diga. Me siento muy a gusto con la despedida de esta jueza y les deseo toda suerte del mundo a los castellonenses. La van a necesitar. A la Sra. Alabau, que probablemente crea que su cargo como jueza tiene alguna conexión divina y que sus funciones aquí en la Tierra están muy por encima de la capacidad del legislador, le vendrá bien comprobar que en cuestiones contencioso administrativas no resulta suficiente la firmeza de la fe de cara a un proceso ajustado a derecho y a una sentencia justa, aunque me temo que ya verá ella la forma de hincarle el diente. En cualquier caso, déjenme que les diga, que no es bueno para la justicia que presidan tribunales personajes con ese lastre ético y moral. Pero bueno, ahí está don Carlos Dívar Blanco, todo un presidente del Consejo General del Poder Judicial, para predicar con el ejemplo. O, no.













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