Athletic y la cara de Ochoa

. martes 30 de diciembre de 2008
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Esta mañana, el Correo Digital de Vizcaya me espabilaba de los resabios de un sueño navideño con una noticia de esas que te quitan el apetito durante una semana. Fernando Ochoa, un antiguo ejecutivo del Athletic le reclama ahora al club bilbaíno 750.000 euros, en concepto de una supuesta pensión vitalicia que al parecer le firmó José María Arrate en 1996, sin el consentimiento de su Junta Directiva. Ochoa tenía un contrato blindado que le fue rescindido en 2003 y por el que ya recibió una indemnización de un millón ochocientos cincuenta mil euros, por lo que ahora ha causado profunda sorpresa esta nueva reivindicación. Al Athletic le llueven los contratos blindados ésos, tan famosos en el universo financiero y que tan buena aceptación, según todos los indicios, han tenido en el simpático club de la ría del Nervión. Tras las indemnizaciones a Padilla, Guerrero y Núñez, aparece ahora este nuevo y último mohicano de la generosidad ajena, dicho sea esto en términos optimistas y sospechando que ya no deben existir más acreedores al amparo de tan privilegiados y singulares compromisos.

No conozco al tal Ochoa, pero, cuando en mayo de 1991 visité las espléndidas instalaciones que el Athlétic tiene en Santa María de Lezama, el equipo estaba atravesando momentos muy semejantes a los de ahora. Al frente de la plantilla profesional, en sustitución de Jesús Aranguren, se había incorporado Iñaki Sáez, con el que tuve el gusto de charlar un buen rato en compañía de José Ángel Iríbar, Generar Andrinúa, Txato Núñez –otro blindado-, Argoitia, un extraordinario jugador ya retirado por aquel entonces, Tabuenca y creo que Valverde, recién incorporado del Barcelona. Por la tarde visité el Palacio de Ibaigane, sede oficial del club, de la mano de su Vicepresidente y me presentaron a un montón de gente, probablemente, también a Ochoa, del que por fortuna no guardo memoria. Si recuerdo a Manuel Morán Obarroa, Secretario General del Athletic, del que todavía conservo su tarjeta, y el sabor de unos chiquitos en las barras de los bares situados en las proximidades del Hotel Ercilla. El Athletic se salvó del descenso a segunda división y el milagro, que tampoco duró demasiado, se atribuyó, creo que merecidamente, a la valiosa y sacrificada labor de Iñaki Sáez, un técnico que nunca debió salir de la capital bilbaína. Puedo decir, con certeza, que no escuché ni una sola palabra de elogio para el gerente del club, ni antes, ni entonces, ni después de aquel momento. Bueno, de Ochoa, Arrate llegó a decir que era el mejor ejecutivo de primera. Pues, ya está. Que pague Arrate.

Es por todos sabido que resulta tan complejo meter el mundo en un saco como cerrar el futuro en un contrato. Pero aún así, sería bueno que no existiesen posibilidades legales de dar vida a semejantes formas de contratación, incluso que estuviesen penalizadas. En cualquier caso, con razón o sin ella, después del tiempo trascurrido, invocar un contrato suscrito en la penumbra del club, a espaldas de su Junta Directiva, parece una traición, una despreciable propuesta a la institución a la que sirvió y que, con toda seguridad, le dio mucho más al Sr. Ochoa que el Sr. Ochoa a ella. Pero ya se sabe, por la serie de moda, que sin tetas no hay paraíso, y las del Athletic Club de Bilbao, en tiempos de crisis, conducen directamente al cielo. Eso habrá pensado Ochoa. Qué cara.