Xàbia, árbitros y arbitrios

. jueves 6 de noviembre de 2008
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El plenario iba de arbitrios, de tasas e impuestos municipales, y había expectación. Expectación, malestar y ganas de armarla. De todo un poco. Los grupos políticos aparecieron en el escenario municipal como en las grandes ocasiones, como en todas aquellas que toca hacer sangre. Serios y bien arropados -unos mejor que otros-, cada cual con sus cuadrillas dispuestas entre los asientos de la sala. El Partido Popular de la localidad fue el primero en abrir fuego al comienzo de la sesión. Juan Carlos Generoso, tal vez el más coherente y serio en su intervención, anticipó el sentido negativo del voto de su grupo. Porque "no querían sumarse a la injusticia que se estaba perpetrando contra el pueblo de Xàbia, por la escasa voluntad negociadora y por el clientelismo político de que hacía gala el equipo de gobierno". Por eso decidieron levantarse y abandonar el salón de plenos al término de su intervención, maniobra que acabaría por recriminarles el alcalde Monfort a los populares, cuyo voto negativo no podría reflejarse en el acta de la sesión al estar manifiestamente ausentes en el momento efectivo de la votación. Fue el único error de los conservadores, posiblemente inadvertido, puesto que sus concejales fueron largamente aplaudidos mientras abandonaban el salón de plenos.

Con ese planteamiento, la tarea opositora hubo de ejercitarla Nueva Jávea. En esa función, Catalá y Oscar Antón estuvieron francamente bien, aunque finalmente se dejaron llevar por el aplauso fácil del público de la sala. Pidieron del equipo de gobierno contención y racionalización del gasto público y un plan financiero a corto y a medio fácil. Amén de algunas frases para la galería de espectadores, pusieron de relieve las diferencias entre las tasas municipales que se iban a aprobar y las que se estaban aplicando en algunos municipios del entorno comarcal, diferencias que oscilaban entre el 135% y más del 200%, sin que en muchos casos los servicios prestados por la institución javiense superase en calidad a la de sus vecinos.

La improvisada portavoz de los socialistas, Francisca Mata, se mostró vacilante en los inicios de su intervención, confesando muy ingenuamente que le gustaría estar al otro lado, con los opositores. Y se la dejó en bandeja al avispado miembro de Nueva Jávea, Oscar Antón que, en la mejor anécdota de la mañana, le hizo saber que eso era muy fácil: sólo tenía que cambiarse de sitio. El concejal de hacienda, Vicent Chorro, estuvo correcto, muy breve, inusualmente comedido y parco en palabras, aunque en esto le ganó el otro socio de gobierno, Juan Ortolá, quién apretó los labios, cerró la boca y guardó silenció, conforme nos tiene acostumbrado. Es, sin duda, el concejal que menos errores comete, aunque, como no podría ser de otra manera, tampoco acierta nunca. Al alcalde le tocó llevar el peso de las respuestas, mostrándose más sólido que sus compañeros de gobierno, tratando de presentar como un ejercicio de responsabilidad la aprobación de las tasas en tan complejas y difíciles circunstancias, palabras que no convencieron, ni mucho menos, ni a público ni a oposición. En definitiva, las propuestas salieron adelante, moderadas por una enmienda que presentó el grupo socialista, que dejaba la revisión en un 4,5%, de acuerdo con el IPC al día de la fecha. Subieron, pues, los arbitrios municipales, mientras los verdaderos árbitros de la contienda –los miembros de la corporación- dejaban clara su sentencia: para año nuevo toca rascarse el bolsillo. Lo que nos faltaba.