Otoño: Paella de caracoles

. domingo 2 de noviembre de 2008
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Con el otoño llegaron los cielos encapotados y las tormentas, como casi todos los años. En octubre, sobre todo, y en noviembre, rara vez no aparecen las lluvias con marcada violencia y producen, en ocasiones, daños cuantiosos y, siempre, beneficios abundantes. Se recargan los acuíferos -que es muy buena noticia-, se empapa y fertiliza la tierra, se limpia la atmósfera y se purifica el aire, la tierra, las plantas, los animales y nosotros mismos. A mi me encantan estas fechas, en que la tierra se viste de verde y crecen las plantas silvestres como una bendición. Los caracoles se despiertan de su letargo, invadiendo los campos, también como siempre, para gozo de unos y perdición de otros. A mi esto me viene bien para preparar, en estos primeros días de noviembre, un buen menú de otoño, en familia, ahora que las bajas temperaturas ayudan a reunir a las personas en torno al hogar, la buena mesa y las mejores tertulias.

Para empezar, no viene mal, nada mal, una buena ensalada elaborada con hierbas silvestres, cerrajones, diente de león, ortigas, ajos silvestres, acedera, brotes tiernos de hinojo, hojas de menta, tomillo (pebrella y frígola) y unos primerizos gajos de mandarina, por ejemplo. Como aderezo se puede preparar una vinagreta con jugo de mandarina (o limón), aceite de oliva, sal y una pizca de pimienta molida.

Como plato principal, una paella otoñal echa con un buen arroz valenciano, verduras frescas, conejo o pollo y unos caracoles de monte (serranos). Unas tiras de pimiento rojo le añadirán sabor al arroz y vistosidad al plato. Si a eso añadimos una copa de un buen vino y unos pastelitos de almendra como postre, ¡al paraiso! Y que venga más frío, vamos ¡Ah, y la tertulia!