Pitu es una perrita pequeña, increíblemente pequeña. El pasado mes de agosto sufrió una agresión en Montán (Castellón), que casi le cuesta la vida. De hecho, los veterinarios aconsejaron a su dueño el sacrificio del animal, pero Pitu no se rindió, siguió luchando y, pese a lo exiguo de su cuerpo, acabó salvando la vida. Le quedarán secuelas, pero la eterna cojera y los problemas en un ojo a que ha quedado condenada de por vida, no impedirán que la perrita siga moviendo cariñosa la cola, que mire a sus dueños con infinita ternura y que les cubra a besos apenas se les acerquen. Estos animalitos son así de generosos a la hora de repartir cariño y son agradecidos sin medida. Se guardará el animalito, eso sí, de acercarse a desconocidos y olisquearles los pantalones. Así se ganó el desproporcionado zapatazo de un joven energúmeno, que envió a la perrita a tres metros de altura, rebotó contra el saliente de un balcón y quedó tendida, inerte en el suelo, sobre un charco de su propia sangre. ¡Pobre Pitu! ¡Valiente matón, el autor de tamaña bellaquería!
La parte buena es que ha habido proceso judicial y condena. La sentencia, aunque es recurrible, obliga al "valiente agresor" a la prestación de servicios comunitarios durante un mes y al pago de 895,79 euros en concepto de indemnización por los daños ocasionados. Poca condena me parece, si se tiene en cuenta que la perrita estuvo en coma tres horas y que quedará con secuelas para el resto de sus días. Para mayor cinismo, el agresor llevó falsos testimonios al juicio, que por fortuna no prosperaron. Finalmente excusó su acción diciendo que la perrita no llevaba correa. Pobre Pitu. Yo sería partidario de recurrir la sentencia. Los falsos testimonios y quien los indujo también merecen castigo. Al menos, a este bravucón ante perros indefensos habría que ponerle correa durante los 30 días de servicios comunitarios. El si que es un peligro.
Por último, en un breve apartado, quisiera felicitar al Ayuntamiento de Jávea por haber renovado días atrás el convenio de colaboración con APASA, la asociación protectora de animales de la localidad. El convenio asciende a 50.000 euros, cantidad que garantiza la recogida de animales abandonados y su posterior cuidado y alimentación. El reconocimiento, igualmente, a la asociación benéfica por su labor en defensa de los animales, a su presidenta y a cuantas personas colaboran en tan meritoria, caritativa y honrosa labor. En Montán, si no han hecho algo parecido, deberían hacerlo. Por Pitu.













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