Ya saben que Bush no ha invitado al presidente Zapatero a la conferencia internacional organizada por Estados Unidos con el fin de reformar las bases del sistema financiero mundial. Pese a todo, el español quiere estar presente en la cumbre y, casi con toda seguridad, Zapatero estará los días 14 y 15 de noviembre en Washington. El presidente francés, Nicolás Sarkozy, el portugués Durao Barroso, el brasileño Lula Da Silva y el británico Gordon Brow, son por el momento sus principales valedores, a los que previsiblemente se unirán en los próximos días el chino Hu Jintao y el mexicano Felipe Calderón, la élite de los G20 que participarán en la citada convocatoria. Del mismo modo y de otra parte, y dado que la reunión prevista para noviembre se celebrará con posterioridad a las elecciones americanas, ya habrá presidente electo en Estados Unidos y si, conforme indican todos los pronósticos, resulta elegido el candidato demócrata Barack Obama, éste será uno más de pedir que el español esté con el grueso de las potencias económicas.
El propio presidente español está haciendo todo lo posible, diplomáticamente, para estar en noviembre al otro lado del charco. Bueno, todo menos llamar a Bush, lo que me parece una decisión acertada. Ninguneado a menudo por el yanqui, yo siempre le he reprochado al presidente español el que diese la sensación de estar mendigando una reunión con su homólogo americano. La posición adoptada dignifica a Zapatero, que por primera vez no le rinde servidumbre a tan despreciable personaje, cuya lamentable presencia en la historia moderna no deja tras de sí más que un rastro de pobreza, destrucción y sangre. Ya era hora, presidente.













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