Atentados contra Obama

. martes 28 de octubre de 2008
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De momento se conocen dos intentonas, según cuentan, de escasa relevancia. Digo dos, de acabar con Obama por las bravas, como hicieron en un pasado con los Kennedy y con Martin Lutero King. La primera de ellas se produjo en agosto de este mismo año. La policía detuvo a un hombre que conducía bajo los efectos de drogas y alcohol y al que se le encontraron, además, armas, radio, chaleco antibalas, matrículas y carnés falsos. La detención se extendió al parecer a otros cómplices -todos ellos supremacistas blancos- los cuales supuestamente preparaban un atentado contra Barack Obama en el acto final de la Convención Demócrata de Denver. Hace unos días se conoció otro plan de asesinar al candidato demócrata, desbaratado por la policía, al detener a dos jóvenes de 18 y 20 años, de perfil neonazi, y que al parecer también pensaban acabar con la vida de otros 102 afroamericanos, según informaba la Oficina de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego (ATP). Uno de ellos declaró que su proyecto contaba con escasas posibilidades de éxito, pero que estaban dispuestos a morir en el intento.

Yo, de Obama, no dormiría tranquilo, por más que policía y medios informativos estadounidenses le hayan restado importancia a estos sucesos. Los antecedentes no son como para andarse con chiquitas, que gentes que viven al amparo del negocio de la guerra y de las armas estarán ahora mismo con la mosca tras la oreja conocidos los propósitos de cambio y de paz del más que previsible nuevo presidente. Antecedentes como el asesinato de los Kennedy, están ahí, para espabilar de cualquier duermevela. Los asesinos de la paz y los señores de la guerra nunca duermen.