Los camaradas de Rajoy

. miércoles 10 de marzo de 2010
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Esta mañana, en la sesión ordinaria de control del Gobierno, le pedía Rajoy a Zapatero un montón de cosas. Sobre Cuba, la liberación de los presos de conciencia, la entrada de Cruz Roja en las cárceles cubanas y la invitación de los disidentes del país caribeño a la Fiesta Nacional del 12 de Octubre en la Embajada Española de La Habana. Casi nada. Si acaso, hecho en falta una declaración de guerra, vamos. Esas cosas está bien que se digan en prensa, que lo escriban los “plumillas” y lo aireen los periódicos. Dicho desde el gobierno equivaldría a una rotura de relaciones, inútil por otra parte. Las relaciones diplomáticas son eso, diplomáticas y dan lo que dan, que aun no siendo mucho es mejor que un desafío armado. Rajoy debería hacer ejercicios de contención, si es que aspira algún día a ejercer como gobierno y no como eterno opositor. La paz se hace con palabras. O no se hace.

Pero no quedaba ahí la cosa. Hoy, en el seno dicha sesión parlamentaria, era el día de Rajoy, su jornada personal de peticiones. A tal punto, también había sopa con hondas para Hugo Chávez. El popular pedía convocar al embajador venezolano a consulta para entregarle una nota de protesta, como si no fuera bastante la comunicación conjunta difundida por ambos gobiernos en que la cosa quedó clara, ofreciendo el gobierno venezolano colaboración en la lucha contra ETA, conforme a lo exigido por el Gobierno de España. Está bien, claro y bien. Si acaso, conviene señalar, la endeble posición y poco calado del político gallego, empecinado en decir todo lo contrario de lo que piensa y conviene. Está claro que quienes lo aconsejan y dirigen –Aguirre, Camps, Trillo, Cospedal, etc.- no son sus mejores amigos de siempre. Como mucho, sus camaradas de ahora. Que Chávez no sea muy amigo de Aznar no quiere decir que sea enemigo de España. Más bien, todo lo contrario.

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Zapatero abre la esperanza

. martes 9 de marzo de 2010
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Veo a Zapatero a cada día más seguro. En su comparecencia en las Cortes ya lo vi muy sereno y tranquilo. En aquella ocasión, además, muy superior a su principal oponente: Mariano Rajoy, que tanto en su planteamiento como en su respuesta partió de la exageración y la teatralidad hasta ofrecer una evidente y lastimosa imagen de inferioridad. Ayer, en la 1 de Televisión, Zapatero volvió a repetir esa imagen de serenidad y respeto, sin aspavientos ni exageraciones, con un marcado sentido de la responsabilidad y elevadas dosis de sensatez. Supo transmitir esperanza, que no es poco. Y sentido de la responsabilidad, que no rehuyó en ningún instante. Zapatero ha evolucionado y su imagen como hombre de estado deja al descubierto la marcada desnudez argumental de su oponente, totalmente vacío de discurso, inmerso en un enorme vacío argumental y político. Rajoy, la verdad, está quedando como un muñeco vacío, de trapo y cartón, sin cuerpo ni solidez. A Zapatero, en cambio, lo veo elevándose en su lucha contra la crisis, creciéndose ante la adversidad, bañado de esperanza. Si hace unas días vertía duras críticas sobre el presidente, hoy no me duelen prendas reconocer sus avances y méritos. A Rajoy, por el contrario, como la cáscara de una nuez que nunca vimos por entero, desinflándose como un globo relleno de aire y de vacío.

La crisis es dura. Si Zapatero erró al principio al minimizar las dimensiones de la que se nos venía encima, Mariano Rajoy pasa el tiempo presente en sembrar el horizonte de espantajos y amenazas, agigantando una situación ya de por si bastante descorazonadora. Abrazado a la figura aquella del don Pésimo de los tebeos, este hombre parece el paladín del descalabro final, el profeta del Apocalipsis. Es cierto que la crisis azuza, agobia y endurece la vida. Pero me da a mí que Zapatero y su gobierno andan por el buen camino y nos conducen a buen puerto. Sobran pájaros de mal agüero y, ahora mismo, Mariano Rajoy parece el mayor y el de peores presagios. Prefiero la esperanza. La esperanza, la fe y la lucha de Zapatero.

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Otro zapatazo

. viernes 5 de febrero de 2010
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Ya saben: el gobierno de Zapatero pretende retrasar la edad de jubilación. Desde este espacio de análisis y comentario ya dimos hace tiempo nuestra opinión sobre un hipotético aumento de la edad de jubilación, cuando el Gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, salió con propuestas de parecido calado a las que ahora presenta el gobierno y que entonces motivaron la contrariedad y la respuesta agria del mismo ministro que hoy parece encantado con ellas. Está claro que el ministro Corbacho ha hecho el tonto y el capullo a manos llenas, a rebosar. Hasta a la Ministro de Economía y la Vicepresidenta Fernández de la Vega se les ha corrido el maquillaje y se les ha quedado una cara de tontas que ni para qué. Va de locos. Es evidente que al Presidente Zapatero se le han fundido los plomos y ha perdido la escasa luz que lo alumbraba. Lo cierto es que me parece un buen tipo, buena gente, buena persona, honesto y comprometido, pero sin puta idea de qué debe hacer ni cómo gobernar. Si Zapatero y su gobierno constituyesen un equipo de fútbol, diríamos que juegan bien la pelotita, se colocan bien en el campo, saben y respiran oficio, pero que no saben marcar los tiempos durante el juego, no marcan goles y acaban perdiendo el partido. Por ello defendíamos que lo mejor sería que el Presidente pasase el testigo a otras manos más capaces y resolutivas, socialistas por supuesto. Entonces resultaba oportuno e inteligente. Hoy se hace absoluta y totalmente necesario.

El Grupo Sistema, que tuvo su momento de influencia política en los años ochenta, durante sus encuentros en Jávea acerca del “futuro del socialismo”, ya ha puesto, por boca de Alfonso Guerra, su grado de descontento en una propuesta que puede parecer desconcertante y verdaderamente lo es en un cierto y calculado grado. En realidad, ni Alfonso Guerra se metería en el barrizal de un gobierno de concentración con los populares ni éstos aceptarían formar parte de semejante berenjenal. Pero la propuesta está bien. Está bien para calar en un electorado desconcertado, que ahora mismo, en las encuestas, mira en dirección al Partido Popular como posible receptor de su voto. Y está bien, porque descubre al grupo de Guerra como una opción creíble y responsable de repuesto en el gobierno. Digamos que se han colocado bien en la parrilla de salida. Alfonso siempre ha sido un hombre muy inteligente y los años no lo han vuelto tonto, ni mucho menos. Otros líderes socialistas de mucho peso –Barreda y Felipe González, entre otros- también han venido desmarcándose de los modos y maneras del gobierno, y algún otro lo ha hecho con tanto estrépito y escasa fortuna –Almunia- que uno no sabe si es una nueva y calculada forma de cretinez o simplemente un inoportuno eructo, imprevisible si se tiene en cuenta la acreditada sensatez y acostumbrada compostura del calificado europeísta. Mal está la cosa, se mire como se mire. Y peor si, como posible recambio, uno orienta la mirada hacia la derecha, que, dicho sea de paso, todavía anda peor, con Rajoy –especialista en chapapotes- mirando hacia no se sabe dónde y el resto –los Camps, Arenas, Aguirre y Gallardón, con sus respectivas tropas- tirándose piedras entre ellos y cada vez escondiendo menos la mano. Eso sin contar el grado de deterioro público que se deriva de los numerosos casos de corrupción en que los populares andan mezclados. Del grado de inutilidad de Rajoy basta como indicador una frase suya a raíz de las antes mencionadas propuestas de Fernández Ordóñez de aumentar la edad de jubilación y abaratar los costes de despido: “Le demando a usted y a su Gobierno –le decía a Zapatero- más respeto institucional, que se pongan a trabajar en serio y se dejen de chaus chaus en un tema tan serio e importante, porque hablamos de las pensiones del futuro de los españoles, y este no es un tema menor”. Ya ven, Rajoy dice hoy lo que decía Zapatero ayer y éste hace hoy lo que ayer pedía Rajoy-: para volverse locos. En definitiva, mal andamos, tanto si miramos hacia la derecha como hacia la izquierda. Me temo que no habrá más remedio que poner los ojos hacia delante, apretar los dientes y seguir sufriendo. Y habrá que hacerlo con esperanza. Al fin y al cabo, dicen que es lo último que se pierde y que no hay mal que cien años dure.

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Comer sano

. miércoles 13 de enero de 2010
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Lo que son las cosas. Hace unos años España exportaba al mundo su dieta mediterránea con notable éxito y los españoles presumíamos de comer mejor y de modo más saludable que el resto de los mortales. No es la primera vez que nos pasa. Cuando encabezamos una carrera y la multitud nos advierte del éxito con sus aplausos, siempre pecamos del mismo defecto: nos sentamos a escuchar el agradable sonido de la gloria lo que, a renglón seguido, nos conduce de modo irremediable al inhóspito rincón de los fracasos. Los alemanes, por ejemplo, por lo común barrigudos y excesivamente alimentados, han rectificado, mejorado su dieta y nos han adelantado en hábitos alimentarios saludables. Por contra, según señala el Instituto Nacional de Estadística (INE) el índice de obesidad se sitúa ya en un preocupante 17%. España es el cuarto país que más se aleja de la dieta mediterránea, después de Grecia, Albania y Turquía. Las comidas fuera de casa, la aparición masiva de nuevos productos alimentarios, el abuso de platos precocinados, el uso exagerado de grasas animales (especialmente productos de bollería) han elevado los indicadores de la báscula de modo preocupante.

Mientras otros países –como Alemania, Francia y Reino Unido, por ejemplo- corrigen sus hábitos alimentarios, en otras latitudes también se adoptan medidas en dirección a una alimentación más equilibrada y saludable. Si en Nueva York, hace ya tiempo, le declararon la guerra al tabaco, las instituciones oficiales no paran de adoptar medidas en favor de la salud de sus ciudadanos. A la retirada de las grasas trans del mercado, la obligatoriedad de indicar la composición calórica en los menús, sigue ahora una nueva ofensiva contra la sal, cuyo consumo quieren reducir un 25% en un período de cinco años y con ello mejorar la salud de los corazones neoyorquinos. Probablemente no toda la política deba sustentarse en controvertidas prohibiciones, pero si se hecha de menos una mayor presencia de las instituciones oficiales en la orientación, mejora y reeducación de sus hábitos alimentarios. Dar a conocer las reglas de una alimentación sana y nutritiva, educar a la ciudadanía en hábitos alimentarios saludables desde la infancia y, al mismo tiempo, señalar con toda claridad y firmeza aquellos consumos que atenten seriamente contra la salud es algo que cabría esperar de las distintas administraciones: estatal, autonómicas y locales. Comer sano es tan importante como comer.

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Adios, 2009, adios

. jueves 31 de diciembre de 2009
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Qué bien que termina. Ya era hora. Se nos va un mal año, irrepetible y abominable. Nada ha ido bien. Los desastres económicos se han sucedido por doquier y, aunque se habla de recuperación, ni aquí ni allá se ven demasiadas luces encendidas. El paro ha sido el denominador común y el epicentro de un sistema económico lastrado por la corrupción política, religiosa y empresarial. Casi nada está saliendo bien y las viejas estructuras se resisten a dejarse torcer el brazo. Los más débiles están sufriendo el azote de tanta confusión y desastre. Pero no es solo la situación económica la que perturba nuestros días. Políticamente, el mundo anda hecho un lío. Los errores de Irak y Afganistán han traído consigo las inquietudes de Irán y Venezuela, que son las puntas de un enorme iceberg que vienen a sustituir a China y a la antigua URSS en el escenario universal de los conflictos. No son éstos de ahora tan potentes como aquellos de antes, pero encierran idéntico peligro y suscitan parecidos recelos. Pocas cosas no han salido torcidas en un año para meter en el saco de los olvidos.

Aquí, en casa, igual que en el resto del mundo. De desastre en desastre. Los casos de corrupción y en especial el caso Gúrtel han obligado a ponerse mascarilla a la hora de husmear en la actualidad política. El desastre económico ha enmascarado la caótica situación política y su insoportable hedor, especialmente en lo referido a los populares, que más que un lugar de encuentro político nos ha parecido un centro de operaciones turbias y espesas, en todo caso, exentas de claridad. Los trajes de Camps han vestido a los populares con un extraño ropaje, cuyo pago de momento no ha sido requerido todavía por la ciudadanía, pendiente de que llegue el momento oportuno, tal vez en cuanto los aires económicos soplen más suaves y templados. Al cierre del calendario, parece que, tan solo, a lo lejos y muy débilmente sople una fina y ligera, muy ligera brisa de esperanza. Los últimos pasos del gobierno Zapatero parecen haberse dado en la dirección oportuna, ante la desesperación, eso sí, de un Rajoy nervioso y desorientado, torpe y olvidadizo, que habla cuando tiene que callar y guarda silencio cuando se esperan sus palabras. En fin: adiós, 2009. No vuelvas más, por favor.

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Nochebuena de juzgado

. jueves 24 de diciembre de 2009
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Me había prometido liquidar Alfil Rojo durante estos días de fin de año. No voy a llevar a cabo tal pretensión. Me rebelo y me mando a hacer puñetas. Allá se vayan también, conmigo o con quien quieran, los médicos que me recomendaron paz y tranquilidad después del "ictus" que me acometió a finales de septiembre. La prensa es culpable de mi decisión. Cierto: Esta mañana, mientras repasaba las noticias de la página principal de "El País digital", el corazón se me puso a latir con fuerza. Jo. Ni que estuviéramos en tiempos de la inquisición y anduviese por ahí algún "torquemada" suelto. Uno, no: varios. El que condenó a cárcel a dos periodistas –al Director de la SER y al jefe de los Servicios Informativos de dicha cadena-, el magistrado Ricardo Rodríguez Fernández, titular de un Juzgado de lo Penal de Madrid –ver información completa en "elpais.com"-; el danés que metió en la cárcel al Director de "Greenpeace" por la payasada de Copenhague y el americano, Donald Venezia –faltaría más-, que ha condenado a la española María José Carrascosa por llevarse a su hija amparada en una sentencia de un tribunal español.

Son tres casos diferentes en tres países igualmente distintos, pero con un denominador común: se trata de sentencias desconcertantes, que parten por la mitad la creencia de que estamos ante una justicia ecuánime y equitativa. Nada de eso. Es más; uno se pone a temblar ante la posibilidad y el temor de caer en manos de ejemplares de semejante calado. Lo curioso y común en los tres casos es que quienes pagan el pato son ciudadanos españoles. Hay que joderse: ¿será que estamos gafados en nuestras relaciones con la justicia, venga ésta de dónde venga?

El caso de los periodistas españoles es, probablemente, el más inaudito. Lo más curioso de la sentencia del juez madrileño –de por si bastante singular- es otra sentencia que se incluye de tapadillo y que no es menos notoria que la sentencia principal: "Internet –dice el magistrado- no es un medio de comunicación social en sentido estricto". Lo que quedaba por oír. Para mí que este juez nos ha caído de algún remoto pasado, a saber cómo y de qué manera. El caso es que esto de escribir –sobretodo en Internet- se va tornando peligroso y fascinante: ¡ahora que parecía que entrábamos en el siglo de las libertades! Ni de coña. Al tiempo que estamos y en vista de lo leído, ésta más bien parece una Nochebuena de juzgado. De juzgado de guardia.

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