Otro zapatazo

. viernes 5 de febrero de 2010
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Ya saben: el gobierno de Zapatero pretende retrasar la edad de jubilación. Desde este espacio de análisis y comentario ya dimos hace tiempo nuestra opinión sobre un hipotético aumento de la edad de jubilación, cuando el Gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, salió con propuestas de parecido calado a las que ahora presenta el gobierno y que entonces motivaron la contrariedad y la respuesta agria del mismo ministro que hoy parece encantado con ellas. Está claro que el ministro Corbacho ha hecho el tonto y el capullo a manos llenas, a rebosar. Hasta a la Ministro de Economía y la Vicepresidenta Fernández de la Vega se les ha corrido el maquillaje y se les ha quedado una cara de tontas que ni para qué. Va de locos. Es evidente que al Presidente Zapatero se le han fundido los plomos y ha perdido la escasa luz que lo alumbraba. Lo cierto es que me parece un buen tipo, buena gente, buena persona, honesto y comprometido, pero sin puta idea de qué debe hacer ni cómo gobernar. Si Zapatero y su gobierno constituyesen un equipo de fútbol, diríamos que juegan bien la pelotita, se colocan bien en el campo, saben y respiran oficio, pero que no saben marcar los tiempos durante el juego, no marcan goles y acaban perdiendo el partido. Por ello defendíamos que lo mejor sería que el Presidente pasase el testigo a otras manos más capaces y resolutivas, socialistas por supuesto. Entonces resultaba oportuno e inteligente. Hoy se hace absoluta y totalmente necesario.

El Grupo Sistema, que tuvo su momento de influencia política en los años ochenta, durante sus encuentros en Jávea acerca del “futuro del socialismo”, ya ha puesto, por boca de Alfonso Guerra, su grado de descontento en una propuesta que puede parecer desconcertante y verdaderamente lo es en un cierto y calculado grado. En realidad, ni Alfonso Guerra se metería en el barrizal de un gobierno de concentración con los populares ni éstos aceptarían formar parte de semejante berenjenal. Pero la propuesta está bien. Está bien para calar en un electorado desconcertado, que ahora mismo, en las encuestas, mira en dirección al Partido Popular como posible receptor de su voto. Y está bien, porque descubre al grupo de Guerra como una opción creíble y responsable de repuesto en el gobierno. Digamos que se han colocado bien en la parrilla de salida. Alfonso siempre ha sido un hombre muy inteligente y los años no lo han vuelto tonto, ni mucho menos. Otros líderes socialistas de mucho peso –Barreda y Felipe González, entre otros- también han venido desmarcándose de los modos y maneras del gobierno, y algún otro lo ha hecho con tanto estrépito y escasa fortuna –Almunia- que uno no sabe si es una nueva y calculada forma de cretinez o simplemente un inoportuno eructo, imprevisible si se tiene en cuenta la acreditada sensatez y acostumbrada compostura del calificado europeísta. Mal está la cosa, se mire como se mire. Y peor si, como posible recambio, uno orienta la mirada hacia la derecha, que, dicho sea de paso, todavía anda peor, con Rajoy –especialista en chapapotes- mirando hacia no se sabe dónde y el resto –los Camps, Arenas, Aguirre y Gallardón, con sus respectivas tropas- tirándose piedras entre ellos y cada vez escondiendo menos la mano. Eso sin contar el grado de deterioro público que se deriva de los numerosos casos de corrupción en que los populares andan mezclados. Del grado de inutilidad de Rajoy basta como indicador una frase suya a raíz de las antes mencionadas propuestas de Fernández Ordóñez de aumentar la edad de jubilación y abaratar los costes de despido: “Le demando a usted y a su Gobierno –le decía a Zapatero- más respeto institucional, que se pongan a trabajar en serio y se dejen de chaus chaus en un tema tan serio e importante, porque hablamos de las pensiones del futuro de los españoles, y este no es un tema menor”. Ya ven, Rajoy dice hoy lo que decía Zapatero ayer y éste hace hoy lo que ayer pedía Rajoy-: para volverse locos. En definitiva, mal andamos, tanto si miramos hacia la derecha como hacia la izquierda. Me temo que no habrá más remedio que poner los ojos hacia delante, apretar los dientes y seguir sufriendo. Y habrá que hacerlo con esperanza. Al fin y al cabo, dicen que es lo último que se pierde y que no hay mal que cien años dure.

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Comer sano

. miércoles 13 de enero de 2010
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Lo que son las cosas. Hace unos años España exportaba al mundo su dieta mediterránea con notable éxito y los españoles presumíamos de comer mejor y de modo más saludable que el resto de los mortales. No es la primera vez que nos pasa. Cuando encabezamos una carrera y la multitud nos advierte del éxito con sus aplausos, siempre pecamos del mismo defecto: nos sentamos a escuchar el agradable sonido de la gloria lo que, a renglón seguido, nos conduce de modo irremediable al inhóspito rincón de los fracasos. Los alemanes, por ejemplo, por lo común barrigudos y excesivamente alimentados, han rectificado, mejorado su dieta y nos han adelantado en hábitos alimentarios saludables. Por contra, según señala el Instituto Nacional de Estadística (INE) el índice de obesidad se sitúa ya en un preocupante 17%. España es el cuarto país que más se aleja de la dieta mediterránea, después de Grecia, Albania y Turquía. Las comidas fuera de casa, la aparición masiva de nuevos productos alimentarios, el abuso de platos precocinados, el uso exagerado de grasas animales (especialmente productos de bollería) han elevado los indicadores de la báscula de modo preocupante.

Mientras otros países –como Alemania, Francia y Reino Unido, por ejemplo- corrigen sus hábitos alimentarios, en otras latitudes también se adoptan medidas en dirección a una alimentación más equilibrada y saludable. Si en Nueva York, hace ya tiempo, le declararon la guerra al tabaco, las instituciones oficiales no paran de adoptar medidas en favor de la salud de sus ciudadanos. A la retirada de las grasas trans del mercado, la obligatoriedad de indicar la composición calórica en los menús, sigue ahora una nueva ofensiva contra la sal, cuyo consumo quieren reducir un 25% en un período de cinco años y con ello mejorar la salud de los corazones neoyorquinos. Probablemente no toda la política deba sustentarse en controvertidas prohibiciones, pero si se hecha de menos una mayor presencia de las instituciones oficiales en la orientación, mejora y reeducación de sus hábitos alimentarios. Dar a conocer las reglas de una alimentación sana y nutritiva, educar a la ciudadanía en hábitos alimentarios saludables desde la infancia y, al mismo tiempo, señalar con toda claridad y firmeza aquellos consumos que atenten seriamente contra la salud es algo que cabría esperar de las distintas administraciones: estatal, autonómicas y locales. Comer sano es tan importante como comer.

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Adios, 2009, adios

. jueves 31 de diciembre de 2009
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Qué bien que termina. Ya era hora. Se nos va un mal año, irrepetible y abominable. Nada ha ido bien. Los desastres económicos se han sucedido por doquier y, aunque se habla de recuperación, ni aquí ni allá se ven demasiadas luces encendidas. El paro ha sido el denominador común y el epicentro de un sistema económico lastrado por la corrupción política, religiosa y empresarial. Casi nada está saliendo bien y las viejas estructuras se resisten a dejarse torcer el brazo. Los más débiles están sufriendo el azote de tanta confusión y desastre. Pero no es solo la situación económica la que perturba nuestros días. Políticamente, el mundo anda hecho un lío. Los errores de Irak y Afganistán han traído consigo las inquietudes de Irán y Venezuela, que son las puntas de un enorme iceberg que vienen a sustituir a China y a la antigua URSS en el escenario universal de los conflictos. No son éstos de ahora tan potentes como aquellos de antes, pero encierran idéntico peligro y suscitan parecidos recelos. Pocas cosas no han salido torcidas en un año para meter en el saco de los olvidos.

Aquí, en casa, igual que en el resto del mundo. De desastre en desastre. Los casos de corrupción y en especial el caso Gúrtel han obligado a ponerse mascarilla a la hora de husmear en la actualidad política. El desastre económico ha enmascarado la caótica situación política y su insoportable hedor, especialmente en lo referido a los populares, que más que un lugar de encuentro político nos ha parecido un centro de operaciones turbias y espesas, en todo caso, exentas de claridad. Los trajes de Camps han vestido a los populares con un extraño ropaje, cuyo pago de momento no ha sido requerido todavía por la ciudadanía, pendiente de que llegue el momento oportuno, tal vez en cuanto los aires económicos soplen más suaves y templados. Al cierre del calendario, parece que, tan solo, a lo lejos y muy débilmente sople una fina y ligera, muy ligera brisa de esperanza. Los últimos pasos del gobierno Zapatero parecen haberse dado en la dirección oportuna, ante la desesperación, eso sí, de un Rajoy nervioso y desorientado, torpe y olvidadizo, que habla cuando tiene que callar y guarda silencio cuando se esperan sus palabras. En fin: adiós, 2009. No vuelvas más, por favor.

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Nochebuena de juzgado

. jueves 24 de diciembre de 2009
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Me había prometido liquidar Alfil Rojo durante estos días de fin de año. No voy a llevar a cabo tal pretensión. Me rebelo y me mando a hacer puñetas. Allá se vayan también, conmigo o con quien quieran, los médicos que me recomendaron paz y tranquilidad después del "ictus" que me acometió a finales de septiembre. La prensa es culpable de mi decisión. Cierto: Esta mañana, mientras repasaba las noticias de la página principal de "El País digital", el corazón se me puso a latir con fuerza. Jo. Ni que estuviéramos en tiempos de la inquisición y anduviese por ahí algún "torquemada" suelto. Uno, no: varios. El que condenó a cárcel a dos periodistas –al Director de la SER y al jefe de los Servicios Informativos de dicha cadena-, el magistrado Ricardo Rodríguez Fernández, titular de un Juzgado de lo Penal de Madrid –ver información completa en "elpais.com"-; el danés que metió en la cárcel al Director de "Greenpeace" por la payasada de Copenhague y el americano, Donald Venezia –faltaría más-, que ha condenado a la española María José Carrascosa por llevarse a su hija amparada en una sentencia de un tribunal español.

Son tres casos diferentes en tres países igualmente distintos, pero con un denominador común: se trata de sentencias desconcertantes, que parten por la mitad la creencia de que estamos ante una justicia ecuánime y equitativa. Nada de eso. Es más; uno se pone a temblar ante la posibilidad y el temor de caer en manos de ejemplares de semejante calado. Lo curioso y común en los tres casos es que quienes pagan el pato son ciudadanos españoles. Hay que joderse: ¿será que estamos gafados en nuestras relaciones con la justicia, venga ésta de dónde venga?

El caso de los periodistas españoles es, probablemente, el más inaudito. Lo más curioso de la sentencia del juez madrileño –de por si bastante singular- es otra sentencia que se incluye de tapadillo y que no es menos notoria que la sentencia principal: "Internet –dice el magistrado- no es un medio de comunicación social en sentido estricto". Lo que quedaba por oír. Para mí que este juez nos ha caído de algún remoto pasado, a saber cómo y de qué manera. El caso es que esto de escribir –sobretodo en Internet- se va tornando peligroso y fascinante: ¡ahora que parecía que entrábamos en el siglo de las libertades! Ni de coña. Al tiempo que estamos y en vista de lo leído, ésta más bien parece una Nochebuena de juzgado. De juzgado de guardia.

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Premiar a los malos

. lunes 14 de diciembre de 2009
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No puedo evitarlo. Me viene a la cabeza una serie de reflexiones a partir del artículo de Javier Rodríguez Marcos (El País, 14 de diciembre) sobre Javier Gomá Lanzón (Bilbao, 1965), cuya última y reciente obra, Ejemplaridad Pública (Taurus, 2009) completa una interesante trilogía que inició con Imitación y experiencia (Pre-Textos, 2003, Premio Nacional de Ensayo 2004) y Aquiles en el gineceo (Pre-Textos 2007). Sirva como complemento orientativo acerca de la personalidad del autor, recordar que Gomá Lanzón es Doctor en filosofía y licenciado en filología clásica y Derecho español. En 1993, ganó con el número uno las oposiciones al cuerpo de Letrados del Consejo de Estado y es actualmente, desde 2003, Director de la Fundación Juan March. Gomá recibió el XIII Premio FIES de periodismo por su artículo “La majestad del símbolo” y es miembro del Consejo Asesor de Revista de Estudios Orteguianos, de la Junta Directiva de la Asociación Española de Fundaciones, y del International Visitors Program del Departamento de Estado/USIA de EEUU.

El articulista resume la filosofía del eminente ensayista y escritor en una sola frase: “sobran leyes y faltan conductas ejemplares”, afirmación que comparto sólo en parte. A mi juicio, esa es tan solo una de las caras del problema -la peor de ellas, si se quiere-, pero no la única. Sobran leyes, tan cierto como que se echan de menos otras. Faltan conductas ejemplares, ciertamente, pero haberlas haylas, lo que sucede es que no son debidamente valoradas, más bien todo lo contrario. Los últimos casos de corrupción política en las comunidades de Valencia y Madrid, principalmente, son un claro ejemplo de lo que digo: las encuestas bendicen al partido protagonista en presuntos casos de corrupción por varios miles de millones de euros. En los programas televisivos se entrevista previo pago a fugitivos de la justicia, a expresidiarios, a presuntos autores de delitos contra la hacienda pública, a presuntos maltratadores, etc., y en los programas mal llamados de convivencia (Gran Hermano, por ejemplo), la "audiencia" premia chulería, machismo, tetas y culos sobre otros rasgos físicos y aptitudes intelectuales o éticas. Todo esto, desde luego no ayuda nada, como tampoco ayuda nada la gran cantidad de políticos arribistas que ejercen sus malas artes desde el escenario público, ni en nada ayuda la escasa diligencia y visión a la hora de legislar, la negligencia, apatía y malos modos de la justicia, la escasa preparación de la clase docente y universitaria y, en general, una interpretación de la sociedad basada en el “todo vale si se logra dinero y poder”. Poder y dinero, sobre rectitud y conducta ejemplar. Esto último se reserva para justificar algún premio o ensalzar hipócritamente alguna caso aislado. En realidad lo de la buena conducta queda para los inútiles y fracasados, para los que la fortuna sigue siendo esquiva por moverse en un territorio falso y quebradizo. La corrupción política es inadmisible, pero es solo la punta del iceberg, lo más sobresaliente y fácil de ver. Javier Gomá lleva razón en su planteamiento, pero solo en parte: premiar a los malos no es bueno. Y lo venimos haciendo...

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Politica y deporte

. sábado 12 de diciembre de 2009
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Desde Alfil Rojo hemos defendido desde su nacimiento y de forma continuada la injusticia que supone la excepcionalidad de que gozan Real Madrid, F.C. Barcelona, Athletic Club y Atlético Osasuna como únicos clubes exentos de la obligatoriedad de constituirse en Sociedades Deportivas. A sus presidentes se les está dando una injustificada ventaja con respecto al resto de sus homólogos de primera y segunda división. Mientras unos arriesgan dinero y prestigio, los citados clubes se mueven en el terreno de la ventaja deportiva y económica, especialmente Barça y Real Madrid, verdaderas máquinas de hacer dinero y otorgar poder. A estos, la jugada les sale gratis para, sin riesgo alguno, catapultar y promocionar sus empresas y negocios, bien sean de naturaleza estrictamente económica –como en el caso de Real y Florentino Pérez, "de momento"-, bien de índole política –como acontece en el caso de Barça y Joan Laporta-. Los casos de Athletic y Osasuna son igualmente irregulares si se les compara con sociedades como las que gestionan los intereses del Almería, Santander, Gijón o Xerez, pongamos por caso. El ventajismo es humillante y vergonzoso y, además, de responsabilidad del gobierno. La última de Laporta, proclamando que "sin un estado propio Cataluña está muerta" resulta indignante. Me parece muy bien que haga política, pero que la pague de su bolsillo y no del bolsillo del fútbol. Mantener ese estatus a favor de los citados cuatro "clubes" resulta una auténtica memada –otra más, se entiende- del gobierno Zapatero. De náuseas.

Alfil Rojo

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